La renovación es fundamental e infinita, y cuando se trata de autocuidado y sanación, Pamela Ballesteros ha trabajado un camino amplio y extenso. En esta conversación nos comparte su sabiduría sobre las experiencias que ofrece en MATRICARIA, un proyecto que reúne a mujeres para celebrar ceremonias de temazcal y terapias de sonido.
Cuéntanos sobre ti, tu trayectoria y la forma en que describes tu labor en MATRICARIA guiando temazcales y terapias de sonido.
Siempre tuve interés por la herbolaría, hace casi diez años tuve el gusto de conocer a Olga, maestra yerbera con quién tuve mi primer acercamiento con las hierbas medicinales. Al tiempo también experimenté el temazcal y supe que quería compartirme desde ahí.
La intención siempre va abriendo caminos. El tiempo me fue vinculando con el conocimiento a través de mi paso por Chapingo, mis clases con la maestra Gina, con la abuela Isabel, y mucha lectura.
Cuando me mudé a Teotihuacán, planté un pequeño huerto medicinal, y en casa hago tisanas, ungüentos, sahumos, y aguas floridas, que son parte del botiquín herbal de MATRICARIA. Muchos de mis talleres tratan sobre hierbas, desde una mirada más vincular que teórica. No para usarlas, sino para acompañarnos de su presencia-medicina con intención e intuición.
Aquí en Teotihuacán fui parte de un calpulli del Camino Rojo donde aprendí sobre el temazcal con la guía de abuelitas de tradición. Antes de compartir, de sostener la energía de las personas, me mostraron a sostenerme primero. Y como parte de la disciplina del Camino Rojo hice búsqueda de visión y fui danzante de luna. Aquel tiempo me nutrió, me enseñó, y me dio el impulso para abrir mis propios espacios.
Actualmente, junto a mi hermana Paola, convocamos a temazcal una vez al mes, acompañadas de familia, amistades, un trabajo en equipo muy bendecido.
Los cuencos del Himalaya vinieron después. El año pasado concluí mi certificación de cuencoterapeuta dentro del grupo de Geoffrey Torkington. SO(NIDO) es parte de MATRICARIA, una dupla con mi amiga Natalia de terapias y sesiones acústicas grupales e individuales. Hemos compartido armonizaciones en grupos de yoga, círculos de mujeres, sesiones de terapia, y distintas celebraciones.
Cada encuentro, taller, o temazcal, es compartir lo que a mí, y a las personas de mi entorno cercano, nos ha nutrido a través de las experiencias. Sin asumir o prometer sanar, la intención es que tomen lo que les resuene, que disfruten del espacio que con cariño preparamos, y que sientan e integren diferentes maneras de reconocerse en bienestar.
MATRICARIA es reflejo de esta integración, de mis sentipensares, mis experiencias, siempre en autogestión y evolución constante.
¿Qué sabiduría nos comparten los matices de la primavera y en qué momentos podemos sintonizar con su esencia? ¿En qué elementos de la naturaleza podemos observar los procesos orgánicos del cambio de temporada?
Una de las virtudes que nos da cultivar una práctica espiritual constante es la sensibilidad. Afinamos nuestra observación, nuestra atención, y desde ahí nos reconectamos con los ciclos naturales. Abrir nuestra percepción es notar primero los cambios en nuestro cuerpo, en lo emocional, con las diferentes energías de cada temporada. Mientras que el invierno nos abraza en introspección, la primavera nos da expansión, movimiento, y creación.
La savia-energía de las plantas va hacia arriba, nutriendo frutos, flores, hojas… así esta energía ilumina nuestra mente objetiva y en propósito para decidir, emprender, tomar acción.
Entre la cotidianidad, la prisa, habitamos el tiempo en automático, lineal, monótono, y dejamos de apreciar los cambios sutiles. Meditar, hacer caminatas, hacer yoga, o cualquier actividad consciente que nos separe por momentos del ruido cotidiano, son medios de pausa para contemplar nuestro alrededor: ¿qué observas brotar, germinar? ¿Cómo cambian las plantas de tu casa, de tu jardín? El paisaje de los árboles, el reverdecer, los días más luminosos, las frutas jugosas de temporada en el mercado… todo esto es la primavera.
¿Con qué rituales das inicio al equinoccio y qué otras prácticas procuras durante la temporada?
En cada temazcal ritualizamos el cambio de temporada, el paso lunar, los movimientos astrológicos, siempre con humito de copal y hierbas específicas asociadas a cada energía. Por ejemplo, el temazcal de marzo está dedicado a nuestra fuerza interna, y como ritual tejeremos nuestras intenciones con flores regidas por el Sol dirigidas a la primavera.
De manera personal, más cotidiana, siempre tengo una velita encendida y mantengo mis espacios en movimiento para que la energía se mueva, fluya, lleve y traiga.
Un ritual puede ser tan sutil como intencionar el agua que bebemos, agradecer el alimento que nos nutre, abrir nuestras ventanas para que la luz entre, regar y abonar con cariño nuestras plantas…
Al inicio de un ciclo, existen resistencias que se aferran a la temporada pasada ¿Cómo hacer una transición suave del invierno a la primavera, sin apegarnos a los actos que nos nutrieron en un pasado?
Cada persona tiene procesos personales continuos, que no se aceleran ni interrumpen cambiando de temporada, sino que siguen su curso, tejiéndose, resolviéndose. A su ritmo, a su propio tiempo.
Si la naturaleza es cíclica, cambiante, también lo somos nosotros, pero si vamos con apego o resistencia, toda transición nos creará conflicto. Puede que tengamos que hacer una pausa para integrar lo que el invierno tuvo para nutrirnos, mostrarnos, enseñarnos, no para guardarlo en la melancolía, sino para integrarlo a nuestros procesos presentes.
Para despejarnos de este letargo, la invitación es a movernos, estirar, activar, sin que se sienta forzado, a través de actividades sutiles que nos lleven a una realidad más equilibrada. Arriba mencionaba la meditación, hacer caminatas, actividades que nos conecten con el entorno natural, practicar yoga…
Y preguntarnos, ¿qué me limita mental o emocionalmente?, ¿qué permanece reprimido?
Podemos acompañarnos también de rituales sutiles como intencionar una veladora, darnos un baño de hierbas aromáticas, hacer ejercicios de escritura. Cuando ritualizamos anclamos nuestra atención para reconocernos en el espacio-tiempo que nos toca habitar.
¿Qué mantra recomiendas para acercarnos a un nuevo ciclo sin caer en la autoexigencia de transformar todo de inmediato?
Los mantras siempre son guías para anclar nuestra mente. El que más me resuena es el de Ganesha. Pero también están los cantos medicina que compartimos en cada ceremonia con el toque del tambor. Cantos que convocan a los elementales, a nuestros guardianes, algunos nos cobijan como arrullo suave, otros nos dan fuerza. Siempre hay un canto para expresar lo que llevamos dentro porque cantar con intención también es rezar.
Florecerá es un canto muy lindo que convoca la energía primaveral.
Sin embargo, cualquier palabra, canción, u oración que regule tu sistema nervioso, que calme tu pensamiento, que ancle tu atención, y que te haga sentir bien, se convierte en tu mantra personal.
A la hora de sanar, pensamos en nuestro cuerpo como un reflejo de nuestro espíritu, así como en el mundo como una manifestación del alma colectiva ¿Cómo se conecta el trabajo íntimo con la transformación de la energía social?
Antes pensaba que sanar era un objetivo, una meta, un final, pero he aprendido que sanar es un verbo en constante evolución.
Ahora sanar es un concepto repetitivo, una narrativa donde sanar se siente un mandato que nos pone en alerta, competencia, o autoexigencia. ¿Ya sané lo suficiente? ¿Cuándo termino de sanar para permitirme disfrutar?
Lo espiritual no es acumular, sino desapegarnos de aquello que nos lastima e inquieta, integrando herramientas de autorregulación, gestión emocional, y hábitos que nos den bienestar completo. Así, al vivir en gratitud, en aceptación del presente, en satisfacción, nuestro entorno cercano se reordena en correspondencia.
Aprendemos también a tomar decisiones más conscientes, a saber hacia dónde y cómo dirigir nuestra energía. Sin ninguna otra pretensión más que habitar nuestros días en armonía.
Creemos que esto no tiene gran impacto, pero sí influye en nuestro entorno directo. Siempre podemos elegir cómo participar e integrarnos en el movimiento social, si el entorno es hostil no provoco más hostilidad, si el entorno es problemático no sumo más conflictos. Un gesto amable, sutil, honesto, puede mejorar mi día y tal vez también el de con quienes interactúo.
La naturaleza del sol es enérgica, potente y caótica. ¿Cómo convivir con esa intensidad sin querer domesticarla?
Tal como lo mencionas: solo convivir, cohabitar, en adaptación, con los ciclos naturales. Parece caótico porque queremos que la naturaleza se adapte a nosotros, que permanezca en las condiciones óptimas para nuestras actividades. Nos quejamos mucho y accionamos poco, olvidando que tenemos la capacidad de crear, ajustar, nuestras propias condiciones.
Si la energía solar empieza a lastimarme, entonces sé que necesito refrescarme, nivelar mi temperatura corporal, aumentar mi hidratación, proteger mi piel. Integrar frutas, verduras, hierbas frescas, a mi alimentación: menta, hierbabuena, zacate limón…
Equilibrar no solo corporalmente, también emocional.
El calor ambiental potencia la energía social: mal humor, desespero, impaciencia. Y de nuevo, no puedo hacer que el sol disminuya su irradiación, ni evitar la irritación social, pero sí puedo autorregular mi calor interno para que no sea acción arrebatada, impulsiva. ¿Cómo refresco mi mente, mi emoción? ¿Hay equilibrio entre mi hiperproductividad y mi descanso? ¿Consumo contenidos que relajan mi mente o que la sobreestimulan más?
Si la primavera fuera una pregunta y no una respuesta, ¿cuál sería?
¿Qué flores brotan ahora en tu jardín?