El fenómeno sonoro y musical que nos atraviesa desborda fronteras. Para Villana, crear música es un acto íntimo, profundo y vulnerable, capaz de expandirse como una atmósfera compartida. Desde la escucha de la intuición, el equilibrio de las dualidades y el reconocimiento de las emociones en perspectiva, Villano Antillano ha construido un proyecto que tensiona y redefine los ejes de la experiencia transformadora. En esta entrevista, Villana nos comparte claves de su proceso creativo y reflexiona sobre cómo su mirada ha moldeado su alcance artístico.
Cuando se trata de hacer música, ¿desde dónde sientes que estás hablando? ¿Cuál es tu intención principal?
Pienso que hay una actitud que hay que asumir, casi de prepotencia, pues funciona como un performance y, para una mujer poderosa, es súper necesario en estos tiempos. Sin embargo, también se trata simplemente de hacer algo que me gusta y en lo que soy buena.
Hoy me puedo dar el lujo de ser una prepotente, pero creo que una cosa alimenta a la otra y siempre termino hablando desde este espacio de ira, que termina siendo reivindicativo por el hecho de que una persona como yo no se supone que pueda dar un golpe con ese peso.
¿Dirías que parte de esta intención, desde ese lugar del que hablas, se manifiesta en un mensaje de visibilización?
Inconscientemente, yo no opero desde ahí ni pienso “ah, voy a hacer esto”. Simplemente lo hago. También sucede algo interesante, porque el rap ya automáticamente es un medio perfecto para eso y lo ha sido anteriormente para distintas causas, entonces ya se presta para eso. Y pasa.
¿Dirías que la manera en que te llega este mensaje o esta intención es a través de la intuición? ¿O cómo es tu proceso a la hora de escribir?
Me he dado cuenta, a lo largo de mi trayectoria, de cómo crecer como artista, y sí hay mucho de intuición. Hay cosas que voy procesando en el proceso de la escritura, pero no me doy cuenta; pienso que estoy hablando de otra cosa o de algo ajeno a mí, y cuando volteo a ver, estaba hablando de algo que literalmente me estaba sucediendo y que yo sabía hasta cómo iba a ser el resultado, pero no quería aceptarlo. No podía hacerlo en ese momento y, ahora que lo escucho —este último álbum, por ejemplo—, me pasa que respondo directamente a cosas que estoy viviendo ahora. Tú dices “qué random”, pero son cosas que estaban teniendo lugar en mi vida, y yo, aunque las puse en la música, no las consiento; sin embargo, salieron ahí.
¿Cómo sientes que has encontrado un balance entre quién eres en tu vida personal y lo que proyectas en tu proyecto musical?
Creo que, a pesar de que estoy muy allá afuera, he encontrado un balance arraigándome un poco a la privacidad. Quizá se haya visto mucho de mí, o soy bien flash, o qué sé yo; podré tener esa reputación de ser una loca, pero también he hecho muy buen trabajo por retener una vida privada y, de momento, puedo revertirme y ser la señora lowkey que realmente soy, porque yo soy una señora tranquila. La vida es un balance de la dualidad: a veces me voy para abajo y a veces estoy recogida. Me balanceo. No se puede hacer otra cosa.
Si pudieras escoger una canción tuya que sientes que habla más de ti misma de lo que podrías explicar, ¿cuál crees que sería?
Es una que no ha salido todavía. Sale en este próximo proyecto. Se llama “Crack”.
Con toda esta trayectoria que has llevado, y con un futuro bastante amplio por venir, ¿qué te mantiene haciendo música como si fuera la primera vez?
Sorprenderme a mí misma continuamente. Yo creo que hubo un tiempo en que reprimí muchas cosas de cómo funciona la industria, cómo es el proceso creativo y cómo es también para mí habitar este universo. He aprendido a moverme de una manera enteramente distinta, porque las cartas se mueven de otra forma para mí.
Llegó un punto en el que me frustré un montón con el proceso como tal, y me sustraje de unas cosas, así como me entregué a otras. Eso me vino súper bien. Me reforzó la filosofía que tengo de no forzar las cosas. Hay personas que se van por esa puerta de “yo tengo que escribir una canción al día” o qué sé yo.
Yo pienso que no hay manera de producir constantemente la misma calidad. Quiero una pieza intuitiva que mueva, que conecte, y esa soy yo en mi proceso; soy muy de vivir y la vida me da duro. Como una persona que vive fuera de los parámetros establecidos, aunque me da duro, la disfruto, yo creo, mucho más que el resto de las personas. Porque vivo sobre el abismo y es algo fuerte de balancear; en un momento dado, esa frustración me hizo pensar que no iba a poder seguir el ritmo o desarrollarme de una manera. Pensaba que me iba a quedar sin cosas que decir.
Y sucedió lo contrario. A medida que ha pasado el tiempo, he podido aprender a navegar esos espacios que para mí son necesarios como artista y como creadora. He podido crecer sónicamente cada vez más. Y cada vez que vuelvo a contar algo, lo hago de una manera más potente. Hoy trabajo con personas y creo relaciones de amistad con productores y con gente que hace música en otras partes del mundo y que crecieron en otro entorno sónico. Aprendo al escuchar otros patrones de ritmo para después fusionarlo todo. Suceden cosas muy locas y muy gratificantes.
Sobre este abismo del que hablas, ¿te sucede que sientes que el lenguaje, ya sea a través de la palabra en el rap o en el lenguaje musical, se queda corto para lo que quieres decir? ¿Qué haces frente a ese vacío?
Yo pienso que, si tú realmente buscas, puedes encontrar las palabras adecuadas —rebuscadas, pero adecuadas— para casi aterrizar todo lo que quieres decir. Pero sí me ha pasado que he sentido cosas en mi vida para las que no hay palabras. No hay manera y puedo hacer el intento, pero hay situaciones que te mueven el piso; usualmente son cosas atadas al dolor o a una dicha bien profunda, que no sabes ni por dónde empezar. Ambas también pueden servir, porque un dolor bien profundo también te puede traer una dicha bien profunda. Tú sabes que ese dolor está pasando porque tiene que pasar, porque es parte de algo que te tiene que tocar. La vida te está enseñando esta lección. Pienso que definitivamente hay procesos, sentimientos y vivencias espirituales que no se pueden agarrar así por la palabra. Aun así, la música no solamente funciona con la palabra; permite encerrarte en una atmósfera para procesar esas cosas.
¿Qué te gustaría que alguien sintiera cuando te escuche, más allá de entenderte?
Independientemente de lo que esté pasando o lo que esté escuchando, transmito energía bien cabrona, música bien cabrona. Porque el rap es muy así, y como yo hago la música, la hago muy niche. Sé que mi vocabulario no lo reconoce todo el mundo fuera de Puerto Rico, pero va más allá de eso. Si conectas con la energía que yo estoy transmitiendo, me basta con eso.