Hay algo extraño en la forma en que miramos un cuerpo. Podemos reconocerlo de inmediato y, al mismo tiempo, no saber casi nada de la persona que lo habita. Un fragmento, una postura, unas manos o la manera de ocupar un espacio pueden decir más que la expresión de un rostro.
En las pinturas de Amanda Wall, los cuerpos aparecen a veces incompletos, a veces incómodamente cerca, siempre un poco fuera de lugar. Sus escenas mezclan fotografías, recuerdos e imágenes encontradas para construir espacios que se sienten familiares, aunque una sensación en ellos no termina de encajar, una forma auténtica de comprender.
Wall habla del anhelo, de la fragilidad y de esa línea cada vez más difícil de distinguir entre observar y ser observado. También de la influencia de la cámara del teléfono y de la forma en que, casi sin darnos cuenta, hemos aprendido a construir nuestra propia imagen para los demás. En esta conversación, hablamos con ella sobre el cuerpo, la intimidad y aquello que hace que una figura pueda resultar deseable.
¿Recuerdas el primer momento en el que sentiste atracción por el cuerpo humano como espacio de expresión?
No hubo un momento concreto; siempre he preferido la pintura figurativa y la expresión de la experiencia humana.
¿Cómo equilibras el concepto de realidad y fantasía?
Dejo que la realidad y la fantasía se entremezclen de forma intencionada. Actualmente vivimos en una realidad fragmentada, en un mundo de posverdad en el que podemos elegir qué es real y en qué queremos creer dentro de nuestras vidas individuales y nuestras burbujas sociales. Ahora que tenemos que cuestionarnos si prácticamente todo lo que vemos en internet o en los medios de comunicación es real o no, la verdadera pregunta es si esa diferencia realmente importa.
¿Qué define la perspectiva y la identidad de los cuerpos que representas en tus cuadros?
No pretendo definir la identidad más allá del sentido del yo. Mis perspectivas varían, pero suelen partir del suelo, el punto más bajo
¿La intimidad es algo que podemos plasmar visualmente en una figura o está más relacionada con la narrativa?
En mi obra no busco ni intento expresar una narrativa. La intimidad surge de la vulnerabilidad, y el lenguaje corporal o la expresión de una sola figura pueden revelar muchísimo.
¿Qué tipo de sentimientos definen o provocan tu proceso creativo?
El anhelo.
¿Podrías contarnos un poco sobre el contexto y la atmósfera de tus cuadros, como el uso de ciertos colores, objetos o motivos?
En cuanto a la atmósfera, busco un espacio vacío o una especie de mundo interior onírico. Los objetos son personales, aunque surrealistas, y el color y los motivos podrían prolongarse más allá del marco, como en un pergamino infinito
Para ti, ¿qué es lo que hace que una figura resulte deseable?
La fragilidad.
¿Hay alguna parte del cuerpo con la que te sientas más conectada o que te interese más explorar e incluso cuestionar?
Las manos dicen mucho; además, son la parte del cuerpo más difícil de pintar. Las manos de una persona pueden, de manera instantánea, atraerme o repugnarme.
¿De qué manera la perspectiva digital del cuerpo —como el uso de la fotografía en las redes sociales— ha cambiado tu forma de trabajar?
Siempre ha formado parte de mi forma de trabajar. Pinto a partir de fotografías o de fragmentos de fotografías, así que desde el principio he utilizado fotos del iPhone como referencias. Intento capturar esa cualidad de exhibicionismo, voyeurismo, inmediatez y perspectiva que se consigue con la cámara de un móvil; para mí resulta más íntimo y refleja cómo comunicamos actualmente nuestra propia imagen.