La energía del año nuevo se contiene en la intención, la voluntad y el potencial de cada ser que se reconoce presente y dispuestx a caminar.
Durante este ritmo continuo y compartido, se respira una intención por ritualizar nuestros comienzos; se cierran ciclos y se abren caminos fértiles para una vida en compromiso con el júbilo de continuar.
El aprendizaje no termina y, aunque nuestros ojos se mantienen en asombro, los gestos provienen de un origen del pasado. Ahora, las ideas concebidas encuentran un lenguaje, se encuentran y se materializan en su fondo y forma.
Procurar la forma en que consumimos nutre las raíces de nuestro futuro.
La fuerza del cuidado es más grande que cualquier otro deseo.
Regalarte un tiempo es el acto más valioso que te puedes entregar.
Invertir energía en rituales es sembrar constancia en lo cotidiano.