Entre los gestos de la cotidianidad, existen destellos de vida que se alinean con nuestra perspectiva y nos inspiran a crear. Artistas y diseñadores de moda como Jesús de la Garsa han desarrollado su sensibilidad por la confección por medio de momentos eternos y sabores que dejan huella. Inspirado en Magnum y la esencia de su sabor, Jesús nos transporta a un universo de símbolos y texturas mágicas, situadas en el contexto mexicano, que se manifiesta en la más reciente colección de moda, presentada en el marco del Festival del Cannes. En esta conversación, el diseñador nos regala una mirada profunda detrás de su proceso, su sensibilidad, y la importancia de representar el arte de la moda mexicana.
Cuéntanos sobre ti, tu trayectoria y la manera en que entiendes hoy la alta costura desde tu práctica como diseñador
A lo largo de mi carrera como diseñador he tenido una formación completamente enfocada a la industria de la moda. Realicé mis estudios en México, desde la licenciatura hasta estudios de especialización y maestría, y posteriormente tuve la oportunidad de estudiar en Nueva York y en Florencia. Estas experiencias ampliaron mi visión creativa y me permitieron soltar muchas de las limitaciones con las que a veces crecemos, explorando nuevas formas de pensar, crear y comunicar a través del diseño.
A lo largo de mi trayectoria, lo que siempre he buscado es generar emociones y dejar una huella en esta industria. Mi objetivo ha sido desarrollar una propuesta con un ADN muy definido, que las personas puedan reconocer por su construcción, su estética y su lenguaje visual, incluso sin necesidad de ver una etiqueta.
Me encanta la capacidad que tiene una prenda para comunicar una idea, provocar una emoción o convertirse en un recuerdo importante para quien la lleva. Para mí, la moda es un espacio donde el diseño puede alcanzar su máxima expresión a través de los detalles, pero sobre todo a través de la intención.
No se trata únicamente de crear piezas visualmente impactantes, sino de construir una historia. Desde la elección de los materiales hasta la manera en que una silueta se mueve sobre el cuerpo, cada elemento forma parte de una narrativa. Esa es precisamente la manera en la que entiendo hoy la alta costura: como la capacidad de transformar algo cotidiano en algo extraordinario mediante el detalle, la dedicación y una búsqueda constante por experimentar, perfeccionar nuestro trabajo y compartir una parte de nosotros de manera profundamente emocional.
Para ti, ¿qué representa la esencia de Magnum? ¿Qué sensaciones o imaginarios despierta?
Para mí, Magnum representa la capacidad de transformar una experiencia en algo mucho más grande. Me parece muy interesante tomar elementos tan característicos de la marca, como las texturas, las formas y los detalles de sus paletas, y llevarlos al lenguaje de la moda de una manera sofisticada y clara. Ha sido muy satisfactorio trabajar con este contraste de capas, texturas, formas y colores, porque son experiencias que se revelan poco a poco. Hay algo muy interesante en la manera en que hemos convertido elementos tan reconocibles como el famoso crack del chocolate o la cremosidad del helado en prendas y siluetas. Lo que más me llama la atención es cómo podemos partir de esa dualidad: por un lado, la fuerza y la intensidad de la cubierta de chocolate, y por el otro, la suavidad y delicadeza del helado. A partir de ahí logramos crear looks que se sienten fuertes y con mucha presencia, pero al mismo tiempo amables y visualmente atractivos.
Magnum también despierta muchas cosas en la imaginación. Para mí es una marca que naturalmente dialoga con la moda porque comparte valores muy similares: el entendimiento del lujo, la creación de experiencias y la capacidad de generar emociones y sensaciones a través de los detalles.
Creo que cada uno de sus productos transmite esa idea de lujo y disfrute, y precisamente por eso fue tan interesante llevar esa esencia a una colección. Haber participado en un proyecto de esta dimensión y traducir esos conceptos a través del diseño ha sido una experiencia muy especial para nosotros como marca.
¿Con qué momentos de tu vida asocias el sabor de una Magnum? ¿Tienes algún recuerdo, etapa o momento de tu vida que relaciones con el ritual de comer una Magnum?
Existe un momento muy particular que relaciono con Magnum y que tengo muy presente. Mi madre, Adela, y mi abuela, Dolores, cosieron toda su vida, y yo crecí con dos mujeres a las que les encantaba coser. Verlas hacerlo de una manera tan natural y casi lírica fue profundamente reconfortante para mí. Mientras las acompañaba en esa etapa de mi vida, fui testigo de grandes historias, conversaciones y momentos que hoy guardo con muchísimo cariño. Recuerdo especialmente una ocasión en la que mi mamá llevó unas paletas Magnum clásicas a casa. Es un recuerdo sencillo, pero por alguna razón se quedó grabado en mi memoria.
Muchos años después, cuando comenzamos a trabajar en este proyecto, tuve la oportunidad de volver a probar los helados desde una perspectiva completamente distinta. Para mí era importante entender no solamente la parte visual de la marca, sino también los sabores, las texturas y las sensaciones que generan, porque todo eso forma parte del proceso creativo.
Lo que no esperaba era que esa experiencia me llevara de regreso a mi infancia, a Jerecuaro, Guanajuato, donde comenzó realmente mi historia con la moda. Fue una ola de emociones y recuerdos muy especial. De alguna manera, una simple mordida me transportó a una etapa de mi vida donde descubrí lo que quería hacer y quién quería ser.
Creo que Magnum tiene esa capacidad de convertir algo cotidiano en una experiencia especial. Dejar emociones y recuerdos grabados en nuestra memoria. Para mí, esta colaboración estuvo llena de momentos así. También me hizo reflexionar sobre algo que considero muy importante en mi proceso creativo: las mejores ideas suelen surgir cuando nos damos permiso de disfrutar, observar y sentir. Cuando dejamos de vivir con tanta prisa y realmente conectamos con lo que estamos experimentando.
Por eso este proyecto fue tan significativo para mí. Estoy seguro de que, en gran parte por eso, trabajé esta colección de una manera tan entregada, porque me hizo recordar momentos muy lindos de mis comienzos en la moda. Sin darme cuenta, entendí que esta se convirtió en mi forma de contarle al mundo lo que quiero expresar y también en mi manera de comunicar mis sentimientos. No solamente por el resultado creativo, sino porque me permitió reencontrarme con recuerdos muy valiosos de mi infancia y entender, una vez más, por qué amo tanto lo que hago.
En tu proceso creativo, ¿cómo reconoces esos instantes cotidianos que detonan una idea o un impulso creativo inesperado?
La inspiración y la creatividad rara vez aparecen de manera planeada. Cuando comienzo a trabajar en una colección o en un proyecto importante, una de las primeras cosas que hago es revisar textiles. Para mí, los textiles son el punto de partida de todo. A través de ellos comienzan a surgir ideas, posibilidades y caminos creativos que después me permiten entender hasta dónde puedo llevar una propuesta y cómo quiero construirla.
También existe una etapa de observación que considero fundamental dentro de mi proceso creativo. Me gusta observar detalles, texturas, colores, sensaciones y experiencias que muchas veces pasan desapercibidas. Justamente eso fue algo que ocurrió durante el desarrollo de los looks inspirados en Magnum Bliss.
Tomamos como referencia la envoltura y el empaque de la paleta, y a partir de ahí comenzamos a construir una historia visual. Esos tonos y reflejos me llevaron inmediatamente a los atardeceres que recuerdo de mi infancia, a los paisajes naturales con los que crecí y a esos momentos de calma que siempre he atesorado. Fue muy especial poder traducir una parte tan personal de mi vida en un proyecto tan importante.
Creo que las prendas funcionan de una manera muy similar. Una pieza bien construida no revela todo a primera vista. Tiene detalles, matices y elementos que se descubren poco a poco. Mientras más te acercas, más historias encuentras dentro de ella. Por eso considero que los momentos cotidianos suelen ser una de las fuentes de inspiración más poderosas. Mi infancia, mi madre, mis creencias y las mujeres con las que crecí están constantemente presentes en mi manera de crear. Crecí rodeado principalmente de mujeres y gran parte de mi ADN creativo proviene de ellas, de los valores que me transmitieron y del lugar del que vengo. De alguna manera, todo lo que diseño siempre termina regresando a ese origen.
¿Cómo traduces una emoción o una sensación física en una silueta? ¿De qué manera las experiencias sensoriales como textura, temperatura, contraste o placer encuentran un eco en tus diseños?
Es algo que siempre he tenido muy claro desde que comencé a diseñar. Para mí, el diseño siempre ha partido de una emoción y de una sensación. Cuando estoy construyendo una historia, necesito que las personas puedan sentir algo al ver una pieza, incluso antes de que alguien se las explique. Me gusta pensar que un buen diseño puede comunicar por sí mismo.
Eso fue precisamente lo que ocurrió con esta colección. Visualmente es muy bella, pero también está construida desde las sensaciones. Cuando comienzo a aterrizar una idea, me gusta tener todos los materiales físicamente frente a mí. Necesito tocarlos, observarlos, jugar con ellos y entender cómo dialogan entre sí para descubrir qué es lo que pueden llegar a transmitir cuando se convierten en una prenda.
En esta colección trabajé especialmente desde la idea de los contrastes, las capas y las texturas. Me parecía fascinante cómo la fuerza del crack del chocolate puede convivir perfectamente con la suavidad, la delicadeza y el romanticismo del helado. Son dos polos opuestos que, de alguna manera, son el complemento perfecto uno del otro.
A partir de ahí exploré superficies suaves y envolventes, elementos estructurados que aportaran carácter y profundidad, transparencias, acabados y materiales que cambian dependiendo de la luz o del movimiento. Me gusta mucho experimentar y jugar durante el proceso creativo. Aunque este es mi trabajo, siempre procuro disfrutarlo al máximo.
Recuerdo mucho algo que me decía mi mamá: si te vas a dedicar a algo, dedícate a algo que disfrutes tanto que jamás lo veas como un trabajo. Y me siento muy afortunado de poder vivir de algo que realmente amo. La moda, al igual que el placer, se construye por capas. Existe una parte visual, pero también una parte emocional y física. Está en la manera en que una silueta se mueve, en cómo un textil cae sobre el cuerpo o en la sensación que genera al tocarlo. Para mí, uno de los mayores logros de esta colección es ver la reacción de las personas cuando observan el helado y después descubren cómo esa experiencia fue traducida a una prenda. Que puedan reconocer las texturas, los colores, los contrastes y que, de alguna manera, el diseño los transporte inmediatamente al universo de Magnum. Ese tipo de conexión emocional es lo que más busco cuando diseño.
¿Cómo encuentras equilibrio entre sofisticación y espontaneidad dentro de una colección?
Creo que ese equilibrio aparece cuando existe una intención muy clara detrás de la colección. Cada decisión de diseño tiene un porqué, ya sea desde lo funcional, lo creativo o lo emocional. Me encanta soñar, experimentar y llevar las ideas tan lejos como sea posible, pero siempre tengo muy presente algo: quiero que las piezas se vean lujosas, sofisticadas y bien construidas.
Es algo que he ido desarrollando con los años. La educación, la experiencia y el tiempo van afinando tu mirada. La forma en la que diseñaba cuando estudiaba es muy diferente a la manera en la que diseño hoy. Sin duda, haber tenido la oportunidad de estudiar en Florencia y en Nueva York transformó mi manera de entender la moda. Me ayudó a perder el miedo al momento de crear y a comenzar a disfrutar mucho más el proceso, a divertirme y a confiar en mi intuición. Para mí, la espontaneidad aparece cuando una prenda tiene la capacidad de transformarse a través de quien la usa. Es algo que me encanta observar. Puedes vestir a distintas personas con una misma pieza y cada una le aportará algo completamente diferente. Cada quien la interpreta, la estiliza y la hace suya. Ahí es donde ocurre algo muy especial, porque una sola prenda puede adquirir múltiples lecturas y parecer distinta en cada persona. En esta colección quería transmitir elegancia y sofisticación, pero también una sensación de ligereza, disfrute y libertad. Trabajé mucho en la selección de materiales, acabados y procesos de construcción para lograr ese balance entre una propuesta refinada y una experiencia que se sintiera natural y cercana.
Creo que eso fue precisamente lo que logramos: reflejar el espíritu de Magnum Bliss y de cada uno de los helados a través de una experiencia sofisticada, pero al mismo tiempo libre, disfrutable y sin complicaciones. Una colección que invita a disfrutar el momento sin perder la elegancia.
En el contexto del Festival de Cannes, ¿cómo sentiste que tu presentación dialogaba con la energía y los valores que rodean ese momento cultural?
Esta pregunta me parece muy interesante porque Cannes es uno de esos espacios donde la moda, el cine, el arte y la cultura convergen de una manera muy especial. Tener la oportunidad de presentar una colección dentro del calendario oficial de Cannes de la mano de Magnum, inspirada en algunos de sus helados más icónicos, fue una experiencia profundamente significativa para mí.
También representó algo muy importante a nivel personal. Ser el primer diseñador mexicano en abrir una puerta de esta naturaleza me llena de orgullo, pero sobre todo me emociona pensar que puede inspirar a otros creativos a contar sus propias historias. Creo que eso es lo más valioso de estos espacios: demostrar que nuestras ideas, nuestras raíces y nuestra visión tienen un lugar en escenarios internacionales.
Algo que me marcó muchísimo fue la reacción de las personas. Ver a periodistas, diseñadores y asistentes acercarse a observar las prendas, tocarlas y querer entender cada detalle fue increíble. Me hizo muy feliz comprobar que los looks generaban emociones y despertaban curiosidad. Son piezas visualmente muy fuertes, pero al mismo tiempo construyen una narrativa cuando se observan en conjunto.
Recuerdo especialmente una conversación con algunas personas que me comentaron que uno de los helados que inspiró la colección no existe en Europa. Me sorprendió mucho porque no lo sabía. Lo más bonito fue escuchar cómo, solamente al ver los looks, imaginaban los sabores, las texturas y la experiencia que había detrás. Me pareció fascinante que una prenda pudiera despertar el deseo de probar algo que nunca habían visto. En ese momento entendí que realmente habíamos logrado traducir la esencia de Magnum al lenguaje de la moda.
Más allá del glamour, Cannes es una celebración de la creatividad en todas sus formas. Fue muy inspirador compartir espacio con personas de tantos países, disciplinas y visiones distintas, todas reunidas por el deseo de crear, expresar y conectar a través de su trabajo.
Creo que la propuesta de Magnum Bliss entiende perfectamente el lujo emocional y sensorial, una visión que está muy presente en Cannes. Es un lugar donde las personas celebran la creatividad, la belleza, las experiencias y la capacidad de disfrutar el momento. Nuestra colección exploró justamente conceptos como el contraste sofisticado, el placer, la emoción y la libertad de vivir una experiencia de manera plena.
Por eso fue tan significativo presentar una propuesta que no se inspira únicamente en un producto, sino en una experiencia completa. Una colección que habla de cómo vivimos el placer, la creatividad y la moda en la actualidad. Así que sí, llevaremos a Cannes y a Magnum en nuestro corazón para siempre. Gracias por permitirnos contar esta historia.