Cómo todo en el mundo, el Haute Couture ha evolucionado exponencialmente desde que empezó, pero hay tradiciones que siguen sin perderse. Todo empieza con Charles Frederick Worth, un diseñador inglés establecido en París, que fundó House of Worth en 1858, considerada la primera casa de alta costura. Fue uno de los primeros que en esa época se declaró como diseñador y autor, el tener el control absoluto de sus diseños, hacer colecciones estacionales y firmarlos como obra de arte.
Desde sus inicios la alta costura siempre fue un laboratorio técnico, donde se implementaron nuevas técnicas de patronaje, drapeado, bordado, pedrería y costura a mano. La costura dejó de ser solo una funcionalidad y pasó a convertirse en un arte y reflejo de los cambios sociales y culturales.
En 1945, el gobierno francés otorgó protección legal al término Haute Couture, convirtiéndolo en una denominación oficialmente regulada. Desde entonces, no cualquier casa puede utilizar ese título, solo aquellas aprobadas cada año por una comisión dependiente de la Fédération de la Haute Couture et de la Mode (FHCM) y el Ministerio de Industria francés. Más que solo un estilo, pasó a ser una categoría jurídica y artesanal. Entre los criterios generales se encuentran, diseñar prendas hechas a medida, tener un atelier en París donde trabajen artesanos especializados y presentar dos colecciones al año durante la Haute Couture Week. El principio permanece, preservar un nivel extraordinario de savoir-faire.
Dentro de un mundo de diseñadores, muchos destacan pero aún así hay excepciones, para esta temporada de Haute Couture, Ashi Studio fue uno de mis favoritos. Cómo Mohammed Ashi y su estudio transforman una narrativa en algo vivido, algo que atraviesa el tiempo y perdura, es actual pero sin ser falso, tiene una historia detrás que hace que te pierdas en el mundo que crean a través de la vestimenta. Esta temporada presentan su colección, A Different Skin Haute Couture Otoño-Invierno 2025/26.
Ashi Studio explora la moda como un ejercicio de metamorfosis, donde la identidad deja de ser una condición fija para convertirse en una interpretación constante.
La alta costura sigue enfocándose en el saber hacer de las técnicas pero sin dejar atrás el contar una historia, hacer que la moda se convierta en algo vívido y arte que te transmite experiencias, historias, memorias y cultura. Espacios en donde la moda no reacciona a la inmediatez y la creatividad e imaginación ocupan el primer plano.