FAZ, transformando experiencias en sonidos
Dna Girls at their studios
(MUSIC)

Desde una sensibilidad compartida, FAZ, el proyecto musical del dúo de hermanas, convierte experiencias personales en paisajes sonoros, donde cada composición funciona como un eco de lo vivido.

Cuéntenos sobre ustedes, su trayectoria y la historia de su proyecto musical

FAZ nace oficialmente como proyecto en 2019, aunque llevamos toda una vida dedicándonos al arte. Regina comenzó su carrera a los 6 años y Ana Victoria a los 9, formándonos primero en una escuela de actuación y dando nuestros primeros pasos en el teatro musical. Con el tiempo, nuestra búsqueda creativa nos fue llevando cada vez más hacia la música, hasta que sentimos la necesidad de crear algo propio.

FAZ surge como un espacio donde la música se vuelve personal: hablamos de nosotras, de nuestra esencia y de nuestras vivencias. Cada canción es una forma de contar quiénes somos, lo que sentimos y lo que hemos vivido, transformando nuestras experiencias en sonidos e historias con las que otras personas puedan conectar.

¿De qué manera su mundo interior se transforma en sonido? ¿Cómo utilizan la música para explorar tus inquietudes y perspectivas personales?

Nuestro mundo interior se transforma en sonido de manera natural. La música es el espacio donde nos permitimos ser completamente reales y vulnerables, donde todo lo que sentimos encuentra una forma de expresarse. Es un reflejo directo de quienes somos y el único lugar donde somos totalmente honestas con nosotras mismas.

Para nosotras, la música es una necesidad. Es la forma en la que exploramos lo que sentimos, procesamos emociones y compartimos nuestra manera de ver el mundo, convirtiendo lo íntimo en algo que también puede resonar en otras personas.

¿Existen rituales o prácticas que las conecten con su intuición y que sean esenciales en el proceso creativo?

No existen rituales estrictos dentro de nuestro proceso creativo, pero sí una convicción constante: ser honestas con lo que tenemos para decir. Para nosotras, la conexión nace desde ahí. Cada decisión creativa que tomamos buscamos que se sienta coherente con quienes somos en ese momento, desde lo que escribimos hasta cómo nos presentamos y cómo sonamos.

Ese lugar no siempre fue claro. Ha sido un camino largo, hecho de exploración y de muchos años afinando el oído y la intuición: puliendo nuestros gustos, encontrando nuestra voz dentro de las canciones, cuestionando nuestra imagen y construyendo, poco a poco, una identidad sonora y visual que hoy sentimos verdaderamente nuestra.

¿Qué retos han enfrentado en su camino artístico y cómo atraviesan los bloqueos o pausas creativas?

Uno de los retos más grandes ha sido aprender a manejar la inquietud y la impaciencia, sobre todo cuando éramos más chicas. Esa falta de madurez muchas veces nos ganaba y nos generaba mucha frustración, lo que hacía que nos tropezáramos más de lo necesario. Hoy entendemos que las pausas también son parte del proceso y que no siempre crear significa producir sin parar. Darnos espacio, escucharnos y confiar en los tiempos nos ha ayudado a volver a la música con más claridad y honestidad.

Nuestro proceso creativo casi siempre parte de escribir sobre experiencias con las que ambas nos identificamos, momentos que estamos atravesando en ese instante. Al ser hermanas y conocernos tan profundamente, el trabajo conjunto se vuelve natural; hay una confianza y un entendimiento que nos permite llegar a lugares muy honestos. Con el tiempo hemos aprendido que forzar la creación nunca da buenos resultados, así que cuando estamos saturadas o atravesando un bloqueo, preferimos hacer una pausa, respirar y darnos el tiempo necesario para volver a la música desde un lugar más honesto y con más calma.

Para nosotras, el momento de crear es lo más íntimo que existe. Nuestras sesiones suelen ser casi siempre acompañadas por un productor, y actualmente estamos trabajando mucho con Andry Kiddos, quien además de ser un gran productor es un amigo cercano. Esa confianza hace que el espacio sea seguro, nos permite ser vulnerables, abrirnos sin filtros y construir desde ahí. En el estudio nos entendemos muy bien, compartimos una sensibilidad similar y hacemos un equipo que fluye de manera natural. También nos reta, cosa que nos ayuda a dar lo mejor de nosotras. 

¿Qué descubrimientos personales les ha dejado crear y hacia dónde se dirigen sus próximos proyectos?

En este momento, el proyecto está enfocado en liberar mucha de la música que hemos venido construyendo. Sentimos que estamos entrando en una etapa sonora más madura, distinta a lo que habíamos hecho antes, y que refleja el crecimiento que hemos vivido de la mano de la música. Es un proceso natural: crecer como personas y dejar que ese crecimiento se traduzca en lo que hacemos y en cómo sonamos.

Este 2026, nos emociona la idea de cantar mucho en vivo y de empezar a construir una comunidad sólida con la que podamos compartir nuestra música desde un lugar cercano y real. FAZ nos ha dejado muchísimo, no solo como proyecto, sino como individuos y como hermanas. En estos últimos años hemos aprendido más de lo que imaginábamos, sobre nosotras y sobre el camino artístico.

Actualmente, Luis Díaz es nuestro mentor, además de amigo y manager. Su acompañamiento nos ha llevado a cuestionarnos a otro nivel y nos ha dado una seguridad que antes no teníamos, impulsándonos a confiar más en nuestra visión y en el proyecto que estamos construyendo.

Read previous article
Read next article