El sutil trazo de lo invisible
Entrevista con Othiana Roffiel
(ISSUE, FASHION)
Aretes CLASH de CARTIER en oro rosa, collar CLASH de CARTIER en oro rosa, collar PANTHÈRE de CARTIER en oro amarillo con granates tsavoritas y ónix Mano izquierda: anillo PANTHÈRE de CARTIER en oro rosa con granates tsavoritas y ónix, anillo CLASH de CARTIER en oro rosa con ónix y diamantes Mano derecha: anillo CLASH de CARTIER en oro rosa con ónix, anillo CLASH de CARTIER en oro rosa con ágata roja, anillo CLASH de CARTIER en oro rosa con ágata verde Look total LOUIS VUITTON

La materia, la experiencia, la memoria y la intuición contienen la potencia de crear a través de cada energía y frecuencia manifestada en lo material. Así como la naturaleza es transparente con sus cambios internos, la práctica artística es camaleónica y sensible ante nuestras canalizaciones. Tomar el deseo en serio no es cualquier trabajo; reconocer las fuerzas inteligibles que mueven el cosmos es un ejercicio de conjunción entre el mundo interior y exterior.

Frente a las exigencias de un mundo que evoluciona al ritmo de un artificio,
existe un deseo por privilegiar las sensaciones ante lo racional, o así lo observa Othiana Roffiel quien, por medio de la pintura, se quiebra ante el impulso con el pretexto de la pintura, para intentar plasmar el destello de una memoria. Su camino trasciende lo representativo y más bien plasma los motivos de su obra en trazos, en figuras y en espacios ambiguos. Aunque con pocos elementos figurativos, Othiana encuentra el valor inagotable de cada forma y, a través de una economía de recursos, remite al cuerpo humano y su
entorno natural con la intención de diluir las imágenes hasta la esencia
del encuentro.

En esta conversación, la artista nos revela su proceso durante la creación de las piezas que formarán parte de su siguiente solo show en la Galería Karen Huber, a presentarse en noviembre de 2026

Pulsera PANTHÈRE de CARTIER en oro amarillo con granates tsavoritas y laca, reloj SANTOS de CARTIER tamaño small en oro amarillo, anillo CLASH de CARTIER en oro rosa Look total MIU MIU

En este issue, Desire & Other Illusions, exploramos el deseo como una fuerza que impulsa el movimiento, pero también como un ciclo de búsqueda e insatisfacción. Desde tu experiencia, ¿qué relación existe entre el deseo y los procesos que transforman tu interior, y cómo se refleja en tu obra?

El deseo es el motor de la pintura; sin deseo no hay pintura. Primero está el deseo más primal: la atracción hacia la materia en sí misma, hacia la pintura como sustancia. Es como un niño jugando con lodo: hay una experiencia táctil muy seductora. En mi caso, mi objeto de deseo es el óleo, por las cualidades propias de este material: su nobleza, que permite manipularlo, mezclarlo y transformarlo una y otra vez sin que se seque, y la profundidad y riqueza de su color.

Después está el deseo de que algo ocurra en el lienzo con esa materia. En mi caso, plasmar lo implasmable, porque al final no trato de representar algo, sino de crear una experiencia que no se agote en lo visual y que abra un espacio para otro tipo de sensibilidad.

Sin embargo, la insatisfacción también es clave. Si el deseo es el motor, quizá la insatisfacción sea la gasolina; es la que lleva a la pintura hacia lugares que realmente valen la pena. Si el primer color que mezclara en la paleta me pareciera suficiente, probablemente mi pintura no tendría el mismo punch. Es esa insatisfacción la que me hace mezclar de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, hasta encontrar el color que vale la pena conservar.

Esa misma insatisfacción puede ser peligrosa si no se usa como gasolina. En mis primeros años como artista, me impulsó, pero también me llevó a arruinar algunas pinturas. Con el tiempo he aprendido a domarla y a respetar cuando una pintura ya “es” y no requiere más. Sigue estando ahí, pero ya no dejo que dirija el proceso; sé cuándo parar y honrar que, muchas veces, menos es más. Esa misma transformación también ocurre más allá de la pintura… El deseo también puede transformarse: dejar de estar impulsado por la insatisfacción o por la ilusión de que siempre hace falta un color más, un gesto más o una obra más, y convertirse en una necesidad de habitar el proceso con mayor presencia. Hoy busco que la gasolina ya no sea la insatisfacción, sino una curiosidad inagotable.

Tu práctica parece habitar un territorio donde la transformación es constante; los colores se diluyen en cuerpos, las formas se funden con lo vegetal y los paisajes parecen existir entre la memoria y la imaginación. ¿Qué te atrae de los estados de transición y qué revelan sobre nuestra manera de habitar el mundo?

Siempre me han interesado los estados de transición, ese momento en que una cosa comienza a convertirse en otra. Esa inquietud sigue estando presente, pero en este cuerpo de obra ha encontrado otra forma de manifestarse. Antes había muchos más colores, más formas y una separación mucho más marcada entre las distintas áreas de la composición. Ahora mi lenguaje se ha ido reduciendo a lo esencial: hay pinturas construidas con apenas dos colores o con una sola línea que configura toda la composición. También he comenzado a suavizar las transiciones, permitiendo que las formas se fundan unas con otras.

Esa búsqueda nace de una intuición muy sencilla: las cosas no existen de manera aislada. Me interesa borrar esas fronteras que solemos establecer entre un cuerpo y un paisaje, entre lo humano y lo vegetal, entre el interior y el exterior. Hay pinturas que pueden leerse como cavidades, pero también como paisajes astrales.

Tal vez por eso me atraen esos territorios donde una cosa deja de ser una cosa, pero todavía no es otra. Ahí la pintura puede recordarnos que los límites son mucho más permeables de lo que solemos pensar y que, quizá, todo forma parte de una misma continuidad.

Mano izquierda: anillo PANTHÈRE de CARTIER en oro blanco con laca y granates tsavoritas, pulsera CLASH de CARTIER en oro blanco, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa Mano derecha: anillo CLASH de CARTIER en oro blanco, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa, flexible, tamaño extra grande
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Mano izquierda: anillo PANTHÈRE de CARTIER en oro blanco con laca y granates tsavoritas, pulsera CLASH de CARTIER en oro blanco, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa Mano derecha: anillo CLASH de CARTIER en oro blanco, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa, flexible, tamaño extra grande
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A lo largo de tu trayectoria has desarrollado una investigación sobre aquello que escapa a lo visible. ¿Qué prácticas, rituales o formas de atención te han permitido profundizar en esa exploración y modificar tu relación con el deseo, la expectativa y la satisfacción?

“Aquello que escapa a lo visible” me encantó como forma de describir la obra porque siento que pone en palabras una inquietud que ocupa un lugar muy importante en mi pintura. Paradójicamente, aunque la pintura es un medio profundamente visual, lo que más me interesa de ella no depende únicamente de la vista. Me interesa todo aquello que una pintura puede hacer más allá de lo que representa: lo que puede sentirse, aunque muchas veces ni siquiera pueda ponerse en palabras.

En la entrevista que hicimos para DNA hace unos años, hablé de prácticas como el yoga, el trabajo somático y la psicoterapia, porque en ese momento estaban transformando profundamente mi manera de pintar. Todas siguen siendo importantes para mí, pero algo ha cambiado. Antes buscaba generar ese estado de atención a través de una serie de prácticas muy conscientes; hoy, poco a poco, esa atención aparece de forma más orgánica. Es casi como si, haciendo menos, pudiera escuchar más.

Esa transformación también ha modificado mi relación con el deseo, la expectativa y la satisfacción. Antes sentía la necesidad de intervenir más, de hacer más, tanto en la pintura como en la vida. Hoy confío en que una pintura puede sostenerse con menos y, quizá, también la manera en que habito el mundo. En lugar de perseguir una experiencia, intento crear el espacio para que aparezca.

Últimamente me intrigan preguntas que hace unos años no formaban parte de mi trabajo. Entre ellas, la posibilidad de que existan formas de percepción que todavía no comprendemos, o experiencias que, aunque no puedan explicarse, sí puedan sentirse. No me interesa ilustrar esas ideas en una pintura, sino dejar que transformen, de manera casi imperceptible, mi forma de mirar y de prestar atención. Sospecho que ese cambio de mirada ya se ha ido filtrando en la obra

Muchas tradiciones entienden la consciencia como una forma de liberación frente a los automatismos que gobiernan nuestra percepción. ¿Cómo reconoces en tu propia vida la diferencia entre actuar desde el impulso y actuar desde la intuición?

Depende mucho de cómo cada quien defina esas palabras. Para mí, el impulso suele responder a algo más inmediato y automático, mientras que la intuición nace de un lugar mucho más profundo; es una forma de conocimiento que aparece cuando uno aprende a escucharse de verdad.

Esa diferencia se vuelve especialmente evidente cuando pinto. Hay momentos en los que aparece el impulso de seguir trabajando una pintura. La intuición, en cambio, se siente diferente; a veces me invita a hacer más y otras veces me dice que pare. Lo que cambia no es la acción, sino el lugar desde donde nace.

Poco a poco he ido aprendiendo a reconocer mejor esas dos formas de moverme por el mundo. Hoy procuro distinguir cuándo estoy actuando desde el impulso y cuándo desde la intuición. No siempre lo consigo, pero el simple hecho de reconocer esas dos voces ya ha cambiado mi manera de relacionarme con la pintura y con la vida.

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Mano izquierda: anillo PANTHÈRE de CARTIER en oro rosa con granates tsavoritas y ónix, anillo CLASH de CARTIER en oro rosa con ónix y diamantes, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa con ónix y diamantes, flexible, tamaño extra grande, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa, flexible, tamaño extra grande Mano derecha: anillo CLASH de CARTIER en oro rosa, reloj SANTOS de CARTIER tamaño small en oro amarillo, pulsera PANTHÈRE de CARTIER en oro amarillo con granates tsavoritas y laca Look total MIU MIU

Tus pinturas sugieren la existencia de múltiples planos de realidad, donde lo humano, lo natural y lo imaginario se entrelazan. ¿Qué sistemas de pensamiento o experiencias han influido en la construcción de ese universo?

Más que un sistema de pensamiento en particular, siento que lo que más ha influido en mi trabajo ha sido una forma de sensibilidad. En los últimos años he ido recuperando una manera de percibir el mundo que me era muy natural cuando era niña. Conforme crecí, sentí que tenía que entender la realidad desde un lugar mucho más racional y, poco a poco, me fui desconectando de esa forma de mirar.

Por eso me cuesta hablar de influencias como si fueran el origen de mi trabajo. Muchas veces ocurre al revés: primero pinto guiada por una intuición y, con el tiempo, me cruzo con textos, conversaciones o experiencias que me ayudan a comprender aquello que la pintura ya venía explorando. Suelen girar alrededor de preguntas que atraviesan mi trabajo: la continuidad entre las cosas, aquello que escapa a lo visible o la posibilidad de que existan formas de percibir la realidad que todavía no comprendemos del todo. Más que cambiar el rumbo de mi trabajo, esas referencias me han dado un lenguaje para reconocer algo que ya estaba ahí.

La imagen tiene un carácter seductivo que confrontamos en cada ejercicio de representación. ¿Cómo juegas con el signo sin querer referirte a un solo significado, permitiendo una múltiple significación?

Me interesa que un signo nunca termine de fijarse. En los últimos años he ido construyendo un lenguaje visual en el que ciertas formas aparecen una y otra vez, pero no me interesa que funcionen como símbolos cerrados. Más bien, pienso en ellas como signos vivos, capaces de transformarse con cada pintura.

En este cuerpo de obra hay una forma construida por dos curvas —una especie de onda— que atraviesa prácticamente toda la exposición. Aunque nace de una misma estructura, puede sentirse profundamente corpórea, acercarse a un paisaje o a algo mucho más difícil de nombrar. La misma estructura reverbera de manera distinta en cada pintura.

En la pintura, los signos cambian de sentido según el contexto, el color, la escala o la relación que establecen con otras formas. Quizá por eso vuelvo a esa estructura una y otra vez: porque la siento inagotable. Me sigue sorprendiendo que una forma tan sencilla pueda abrir preguntas nuevas.

Mano izquierda: anillo PANTHÈRE de CARTIER en oro blanco con laca y granates tsavoritas, pulsera CLASH de CARTIER en oro blanco, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa Mano derecha: anillo CLASH de CARTIER en oro blanco, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa, flexible, tamaño extra grande

Tu obra parece estimular al espectador para reconocer la inmensidad del universo y percibirnos como la fractura del trance, una fractura curva. ¿Desde qué estado del ser o disposición sensible te posicionas al reconocer las figuras, patrones y texturas de aquello que es más grande?

Tu pregunta me hizo pensar inmediatamente en el título de mi exposición más reciente en el SCAD Museum of Art: The Sky I Keep. Ese título nació de una inquietud muy parecida: reconocer que la inmensidad del universo no solo existe allá afuera, sino también en la huella que deja en nosotros.

Cuando pienso en algo de esa magnitud, la humildad aparece casi de manera inevitable. Reconocer la inmensidad del universo hace evidente lo pequeños que somos. Y, lejos de parecerme una idea abrumadora, me resulta profundamente liberadora; me recuerda que no necesito entenderlo todo.

Esa misma humildad existe frente a la pintura. Muchas veces la pintura sabe cosas antes que yo. Mi trabajo no consiste en imponerle un significado, sino en permanecer disponible para escuchar hacia dónde me está llevando. Quizá por eso sigo pintando; no para comprender aquello que es más grande, sino para mantenerme abierta a su misterio.

La construcción de tu lenguaje visual trasciende lo figurativo. ¿Qué impulso o deseo encuentras como pretexto para quebrar lo automático? ¿Será el destello de una memoria o la posibilidad de lo inagotable?

“Destello de una memoria” me parece una forma muy bonita de decirlo, porque creo que sí hay algo de eso en mi trabajo. A veces una pintura nace de un instante que permanece conmigo, pero casi nunca intento serle fiel a esa imagen original. Por ejemplo, una vez me pasó al observar cómo una gota caía sobre una superficie de agua: por un instante, el agua salpicaba formando pequeñas estrellas y, días después, esa memoria se convirtió en el pretexto para comenzar una pintura…

Otras veces el punto de partida no es una memoria concreta, sino una forma a la que intuitivamente vuelvo una y otra vez. En este cuerpo de obra, por ejemplo, casi todas las pinturas comienzan con la onda, pero ese punto de partida nunca determina el destino de la pintura.

Lo que impulsa una pintura es la posibilidad de descubrir algo que no estaba previsto desde el inicio. Quizá por eso vuelvo una y otra vez a ciertas formas. Durante un tiempo pensé que volver era lo mismo que repetirme. Hoy lo entiendo de otra manera. Volver no significa hacer lo mismo, sino comprobar que una misma forma todavía puede abrir preguntas nuevas. Esa posibilidad es, precisamente, lo que la vuelve inagotable.

Mano izquierda: anillo CLASH de CARTIER en oro blanco, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa, flexible, tamaño extra grande Mano derecha: pulsera CLASH de CARTIER en oro blanco, pulsera CLASH de CARTIER en oro rosa Look total DOLCE & GABBANA

Si pudieras describir el sentimiento del deseo —a través de una pieza tuya de tu próxima exposición en Galería Karen Huber—, ¿cuál sería y por qué?

Pienso en una de las primeras pinturas que hice para este cuerpo de obra. Sigo descubriendo cosas nuevas en ella, pero hoy veo dos formas corpóreas que parecen atraerse; están muy cerca de tocarse, aunque ese contacto nunca termina de ocurrir.

Pensé que la pintura hablaba de dos cuerpos. Hoy creo que, en realidad, habla del espacio entre ellos, del “entre”, de la tensión y la energía que se generan justamente ahí.

El deseo opera de una manera parecida. No está únicamente en aquello que anhelamos, sino en el espacio que media entre nosotros y lo que todavía no alcanzamos. En otras pinturas ese espacio aparece entre una forma más corpórea y otra más celeste. Esto me interesa porque el deseo deja de pertenecer únicamente a lo humano y empieza a hablar de una relación mucho más amplia con el mundo.

Si hubiera un deseo que atravesara toda esta exposición, sería el de sentirnos menos separados: de nosotros mismos, de los demás, de la naturaleza o, incluso, de aquello que no alcanzamos a comprender. Quizá esa sea la verdadera energía que recorre estas pinturas.

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