Omakase: confiar en el chef
Entrevista con Álvaro Díaz
(MUSIC)

Entre lo íntimo y lo colectivo, la energía que un artista impregna en su música se mantiene presente. Álvaro Díaz destaca por crear un universo propio, donde la intuición y la autenticidad dirigen su camino.

En esta exploración, Álvaro nos comparte un reflejo de su proceso creativo durante la creación de su nuevo lanzamiento Omakase, un álbum que reúne nuevas posibilidades, instintos musicales y certezas sonoras.

Estás lanzando un nuevo proyecto. ¿Quieres contarme un poquito del álbum?

He estado trabajando un tiempo, más o menos un año y medio, en omakase, que se presenta ahora en mayo. En realidad, siempre estoy creando ideas, pero desde que dije “vamos a empezar un disco”, creo que va como año y medio, desde finales de 2024. Hay conceptos que comencé a entender. Me siento súper contento. Mis últimos dos proyectos, felicilandia y sayonara, de cierta manera van conectados.

Felicilandia fue el primer proyecto en el que yo dije: “voy a hacer un álbum”. Después de sayonara, decidí que me iría por una dirección diferente. Creo que, en esos dos proyectos, todo estaba tan unido que quería sentir una libertad en omakase para hacer lo que me diera la gana; aunque claro que se mantiene en la línea, porque es parte del mismo universo.

Jugando con eso fue como llegué al nombre y al concepto de lo que es omakase: lo pones en las manos del chef, y el chef hace lo que sabe hacer. Como artista, siempre me he sentido así, como los directores de películas —como un Tarantino, un Wes Anderson— que a veces ni sabes de qué se va a tratar la película, pero confías en que es un buen director y que va a entregar un buen producto. Yo siempre he tratado de mostrarme así como artista, y me encantaría que la gente se diga a sí misma: “¿de qué se va a tratar el álbum? No sé, pero confío en el chef”.

En este caso, yo soy el chef. Omakase surge de un collage de muchas ideas curadas y mezcladas por mí, como un chef que te sorprende con un sabor que quizá no te esperas. Creo que ha sido uno de los proyectos más divertidos de crear, un proyecto muy yo. Omakase definitivamente tiene Álvaro Díaz DNA all over. Desde el inicio se pueden escuchar sonidos claves del pasado, tipos de rapeo nuevos y nuevas maneras de presentar los ritmos. Eso es muy Álvaro.

Claro, de hecho un poco quería hablar sobre ti, tu línea creativa, tu forma de ponerte y demostrarte a ti en esta industria. ¿Cómo ha sido tu proceso para convertir tu intuición creativa y tus ganas de crear en algo que realmente se sostenga dentro de lo que puedes compartir?

Ha salido natural. Por mucho tiempo, me sentí un poco left out, como que me encontraba solo en mi propio mundo y nadie lo iba a entender. El movimiento del reggaetón ha sido gigante por años. De repente se escuchaba en Puerto Rico, en los lugares populares, en la radio; era más popular… Yo siempre me sentí fuera de eso. Sonaban las canciones en la discoteca y yo sentía que la mía ni se mezclaba bien, porque era otro tipo de patrón, de letra, de batería, de todo.

Por mucho tiempo sentí que no hacía sentido, hasta que empecé a ver que no era el único en este universo. Me di cuenta de que la gente también se identificaba con todas estas canciones que se iban creando, estos sonidos, estos intentos de creatividad, intentos de hacer algo diferente.

Mi sonido sí era valorado por alguien. Siempre me he reflejado en la música, y creo que los mismos fans, los mismos oyentes, fueron quienes me dieron la licencia para ser yo mismo: “bro, do you. Eso es lo que queremos escuchar. Enséñanos. No tienes que seguir trends, no tienes que seguir lo que está pasando”. Creo que eso es una de las cosas más bonitas.

A veces lo que siento se adapta bien al trend y otras veces está bien existiendo fuera, pero siempre mantengo lo que siento en ese momento. Lo que me dio esa licencia de sentirme cómodo creando ha sido la reacción de la gente. Siempre he visto el arte como algo que debo hacer por lo que siento y no porque la gente lo quiera. Si la gente lo acepta, pues bien.

A veces, cuando hago shows en vivo, me he dado cuenta de que muchos artistas le cantan a las masas, y se trata de un concepto para que la gente se abrace y cante esas canciones súper grandes. Me he dado cuenta de que yo soy ese tipo de artista que llega a las personas a partir de lo individual. Cuando suena “Babysita”, la gente no está pensando en abrazarse con las personas de al lado; está pensando en Valeria, Nicole o la persona que le está haciendo sentir esa canción. Me he dado cuenta de que también soy un tipo de artista medio individual: todo el mundo se va a su propio universo.

 

¿Hay algo en tu forma de creer que sientes que ha cambiado, se ha transformado o ha evolucionado con el tiempo?

Me mantengo con la misma mentalidad. Sí cambio el proceso creativo para no aburrirme; a veces puedo empezar con la letra, o de momento estoy en una temporada de empezar con el ritmo y la melodía, o empezar por el título.

Se trata de mantenerlo creativo, porque si todos los días preparas algo de la misma manera, me puedo aburrir. Algo que sí ha evolucionado mucho es la manera en la que yo siempre he querido hacer música en vivo. Siempre pienso: ¿cómo sería esta canción cuando la cante en vivo?

Ahora vivo más experiencias, voy a más lugares, a más festivales, a más ambientes, así que tengo más input para cuando vaya a crear canciones; siempre busco estos momentos de aprendizaje.

Pienso: “ah, cuando haga esto en vivo, lo quiero hacer así”, o “vamos a bajar acá y aquí subimos porque así funciona mejor”. Vamos a cortar este ritmo antes de que entre este break, porque me gusta cuando en vivo se transfiere esa energía. Siempre hay cositas nuevas que quiero intentar.

¿En qué momento sentiste que lo que estabas haciendo dejó de ser solamente tuyo y empezó a construir una comunidad alrededor?

Desde que pude ver el efecto en las personas de lo que hacía la música. Yo recuerdo que había una canción, creo que la cuarta canción que lancé en mi vida —si no me equivoco—, se llama “insomnio” y fue por SoundCloud.

Recuerdo crear esa canción y sentir que era bien personal, a mi entender, porque estaba cantando lo que estaba viviendo. Pensaba: “¿a quién diablos le va a gustar esta canción?”. En ese momento recuerdo compartírsela a un amigo que estaba pasando una situación súper similar y empezó a llorar, antes de que saliera, antes de todo. Esa fue la primera vez que vi con mis propios ojos el impacto que podía tener una canción mía en una persona, porque es mi amigo, no va a fingir llorar; estoy viendo una reacción frente a mí.

Cuando más me he abierto en canciones, y pienso que la gente las va a odiar, por alguna razón son las canciones que más conectan. Eso es lo que me ha hecho saber que, cuando hablo desde un punto de vista, siempre hay alguien que se va a sentir igual y va a abrazar estas canciones. Se va a poner en main character en esta historia que estoy contando —sea sobre mi mamá, sobre gente que duda de mí, una historia de amor o una historia sexual—.

Siempre va a haber alguien que se pone como main character y le llega. Por más que sienta que no es su historia, esa persona cambia ciertos personajes y ya es su historia, y eso vale un montón. Me da la licencia de no tener que estar buscando que todo el mundo se identifique. Es como que, entre más miedo siento, más bonito es lo que sale.

Es algo que no sabría si iba a funcionar. Es como que entre más sincero seas con algo bien personal, la gente siempre logra entender eso.

¿Qué decisiones han sido claves para ti para proteger o mantener tu visión personal dentro de un mundo que intenta apropiarse de todo lo que sale?

Hay algo en mí que siempre va en contra de la corriente sin que sea forzado. Es como que a mí me pueden encantar los sofás rojos de siempre, y de momento todo el mundo empieza a comprarlos, y hay algo en mí que dice: “¿sabes qué? Me gustan los azules”.

Creo que es un poco malo, porque a veces estás haciendo algo adelantado y eventualmente la gente catches on, y cuando eso pasa es como que ahora es cuando deberías hacerlo, aunque lo llevas haciendo desde hace tiempo. Pero hay algo que naturalmente lo voltea, y eso es lo que pasa en mi caso.

Al final del día, la gente siempre va a saber lo que es real y lo que no. A veces la gente crea sus propias narrativas y sus propias historias, pero eso es inevitable. El que es real, es real. Y yo lo llevo desde 2012, haciendo cosas y sintiendo, y gracias a Dios estamos aquí.

¿Qué crees que hace falta hoy en día para estas nuevas generaciones que están inspiradas por tu visión para que puedan construir algo conjunto, quizá más allá de lo individual?

Yo creo que la clave es que los consejos más tontos son los más reales. Hasta que no te pasa, dices: “qué tonto era el consejo”, pero es tan real.

Hay algo en lo genuino, en lo que de verdad te gusta, en trabajar desde nosotros mismos, en el sentido de conocernos. Conocernos es la clave, porque no hay nadie como nosotros. Si tú te conoces y haces lo que genuinamente te gusta, y no estás tan pendiente de lo que a la gente le gusta o de ser un yes man, todo cambia.

Si a alguien le gusta el azul, a veces tiene miedo de decirlo porque a todo el mundo le gusta el rojo, y piensan que quizá hay algo mal en ellos. Pero si aprendemos a ser nosotros mismos, podemos construir algo que genuinamente va a funcionar y con lo que la gente se identifique.

Llevo tanto tiempo haciendo música siendo de Puerto Rico —uno de los países que más produce el ritmo dentro de lo que yo hago—, y he visto tantos artistas subir y bajar. Creo que muchos de ellos han fallado en no ser genuinos, en no ser reales.

¿Qué te está moviendo a ti ahorita mismo para continuar? ¿Cuál es tu máxima inspiración en este momento?

Yo creo que las cosas se han alineado de una manera muy bonita, como de película. Eso me tiene bien motivado. Siento que está llegando una atención que hace años sentía que merecía, antes de tiempo.

Cuando por fin llegó, sentí toda la energía que gasté y todas las ideas que creé. Ahora no puedo parar. Tengo que seguir y mantenerme firme. Ver el resultado de lo que hemos construido, ver a mi mamá orgullosa, a mi papá, a mis amistades… eso siempre me llena.

Tengo un miedo terrible de lanzar el próximo proyecto, pero creo que esa es la magia. Ese miedo que sentí cuando iba a salir felicilandia, cuando iba a salir sayonara. Cada vez que algo va a pasar, me sorprendo. Ojalá esto le guste a la gente tanto como me gusta a mí.

Creo que omakase no va a ser solo un proyecto, va a ser una temporada, una nueva etapa. Felicilandia y sayonara fueron como una etapa conjunta —aunque fueran diferentes—, y ahora empieza algo nuevo que creo que va a estar bien interesante.

Read previous article
Read next article