Roma, un encuentro entre destinos
DNA Summer Diary: Hotel de la Ville
(CULTURE, TRAVEL)

Roma parece existir en varios tiempos a la vez. Una escultura antigua aparece al final de una calle llena de motos; una iglesia interrumpe el recorrido hacia una galería; una fuente de Bernini sigue funcionando como parte de la vida cotidiana. Nada termina de convertirse completamente en pasado.

Durante mis días en la ciudad me quedé en Hotel de la Ville, arriba de Piazza di Spagna, en Via Sistina. La ubicación es casi irreal, estás suspendida sobre una de las imágenes más reconocibles de Roma.

Construido originalmente en el siglo XVIII, el edificio pertenece al imaginario del Grand Tour, cuando Roma era una parada esencial para viajeros que llegaban a estudiar arte, arquitectura, antigüedad y cultura. Hoy, Hotel de la Ville retoma esa misma idea sin convertirla en nostalgia. Sus interiores, trabajados por Olga Polizzi y Tommaso Ziffer, mezclan mármoles, tapices, antigüedades, textiles italianos y referencias neoclásicas con una sensibilidad mucho más contemporánea.

 

Cada noche es un universo alterno a Roma donde la vivencia se afina. El hotel profundiza la experiencia de la ciudad a través de la hospitalidad, la comida, la comodidad y esa tranquilidad extraña de saber que, al cruzar la puerta, estás a unos pasos de una experiencia inolvidable.

Este era mi último destino después de casi dos meses moviéndome entre ciudades y países durante el verano en Europa, y definitivamente fue la mejor decisión. La experiencia de aventura cambió de pronto hacia otra forma de viajar, una de lujo profundamente incorporado a cada momento. Despertar en una cama absurdamente cómoda. Pedir room service sin prisa. El silencio del jardín interior. La sensación de que todo estaba resuelto antes de tener que pensarlo.

Definitivamente, una de las mejores cenas del viaje. Nos recibieron en Café Ginori con una cena que todavía recuerdo como una escena. La porcelana, la comida, las velas, la luz y, detrás de todo, Roma pasando frente a los ventanales. Sentada ahí, rodeada de objetos bellísimos y con Roma moviéndose detrás del cristal, sentí que durante unas horas era una escultura más dentro de la ciudad. Otro cuerpo colocado entre tantos cuerpos, columnas, fuentes y mármoles.

Permanece algo temporalmente atemporal en mi memoria. En ese estado mental, salir a la ciudad transforma tu realidad en una muy distinta a la que conocía.

Bajaba por Piazza di Spagna, pasaba frente a la Fontana della Barcaccia, seguía hacia Villa Borghese y terminaba mirando esculturas durante horas. Roma tiene esa capacidad extraña de hacer que el cuerpo participe en la historia. Las distancias, el calor, las piedras, las fuentes, los jardines: detrás de la mirada hay asombro profundo y calmado. Todo existe ahí. El origen.

Después de haber pasado casi dos meses recorriendo exposiciones, galerías, fundaciones y museos, bastaba caminar hacia la Fontana di Trevi o pasar unas horas frente a un Caravaggio o un Raphael para cuestionármelo todo otra vez.

Entender el significado estructural y emocional de una escalera, de un mármol tallado, de un claroscuro o de un jardín me hizo derretirme emocionalmente ante la ciudad. Ante lo que habitamos. Ante una civilización que modificó para siempre nuestra relación con el espacio, el poder, la belleza y la vida pública.

 

Roma puede hacer que dos meses de mirar arte contemporáneo parezcan, de pronto, una preparación para volver al principio. Pensaba mucho en esa vieja idea del viaje como formación. Antes del turismo existía el viaje como una forma de educación sentimental y estética: salir para aprender a mirar. Goethe escribió sobre Italia intentando comprender qué le ocurría al encontrarse frente a aquello que durante años había imaginado. Stendhal terminó dando nombre, involuntariamente, a esa especie de vértigo ante demasiada belleza. Viví el Hotel de la Ville de esa forma.

Desde el hotel puedes caminar hacia la casa de Keats junto a Piazza di Spagna, perderte por Via Margutta, atravesar Villa Borghese o regresar al final del día y mirar Roma desde arriba. También el contraste de lo contemporaneo, a unos pasos de compras express en Miu Miu, Prada, Gucci y una visita a la Gagosian Roma. El pasado y el presente en su máximo esplendor.

Al atardecer, desde Cielo, los techos, las cúpulas y las terrazas forman otra ciudad. Desde arriba desaparece parte del ruido y aparece la composición: siglos distintos conviviendo sobre una misma línea de horizonte.

 

Después de pasar el día entre pintura, arquitectura, ruinas, iglesias y calles que parecen haber absorbido demasiadas vidas, regresar al hotel era mantener la aventura viva en el mejor descanso.

Para mí, el verdadero lujo de Hotel de la Ville fue precisamente ése darme una forma particularmente hermosa de permanecer dentro de Roma.

Read previous article
Read next article