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Entrevista con Hito Steyerl
(ISSUE, CULTURE)

Entre deseo e imagen existe una retroalimentación que se reproduce infinitamente, formando un ciclo que se cierra y se abre de nuevo con una inmediatez perturbadora. Nuestra gran capacidad de adaptación ante aquello que se estructura en ciclos nos deja vulnerables ante un vórtice de estímulos: estímulos que se encuentran tanto en el deseo como en el consumo de imágenes; estímulos que ya no se encuentran en la experiencia, sino en sus múltiples representaciones.

Hito Steyerl es una figura clave en la discusión del arte y la teoría contemporáneos. Su práctica artística aprovecha medios como el documental, el ensayo fílmico y la conferencia, los cuales han sido constantemente asociados con un compromiso con la realidad y con el recuento objetivo de esta. Sin embargo, la obra de Steyerl comenta y critica los sistemas que han permitido que estas prácticas sean más eficaces para crear y mediar nuevas realidades que para documentar una sola. De esta manera, la artista nos invita a ser suspicaces de las imágenes, de sus maneras de circular y de nuestra absorción masiva —y pasiva— de ellas.

DESIRE & OTHER ILLUSIONS atiende a un panorama regido por sistemas que monitorean y especulan con nuestra emocionalidad, dejando nuestras cualidades humanas varadas entre el estímulo y la promesa, y retribuyéndonos únicamente con imágenes y productos de consumo. En esta actualidad que nos deglute y nos digiere —para después nutrirse de nosotros—, nuestra mayor ilusión es alimentar las políticas extractivistas de la digitalidad.

Esta colaboración se planteó a partir de la exposición The Island en la Fondazione Prada, abierta hasta octubre de 2026. Se trata de una instalación de sitio específico en la cual se aprovechan la ciencia ficción y la física cuántica para conectar una multiplicidad de narrativas que giran alrededor de la inundación.

En tu obra The Island, expuesta en el Osservatorio de la Fundación Prada, estableces una relación muy interesante entre ciencia ficción y narrativa, específicamente, aquella narrativa que rodea las problemáticas actuales. ¿Cómo crees que podríamos construir una relación dialéctica entre “ficción” y “simulacro”?

Tal vez por “ficción” deberíamos entender una manera de conectar los hechos. Necesariamente se entiende como una hipótesis, como una manera de aglutinar los hechos en una narración. Podríamos decir que la ficción es un puente necesario para siquiera lograr un recuento de lo fáctico, para que estos tengan la oportunidad de ser narrados. Imaginemos que los hechos son unidades de información o data points, incluso números si nos vamos al extremo. Para que estos sean convertidos en algo sensible es necesario que exista un lenguaje de por medio, un lenguaje que les permita guardar un sentido como conjunto, o en todo caso carecer de un sentido inteligible. Esto es algo que los data points no pueden lograr por sí mismos. Desde esta perspectiva, la ficción es un intento interpretativo ante la información fáctica, y mientras no se confunda con la propia base de datos, es un paso necesario para acomodar unidades de información dentro de un sistema de lenguaje, literario o melódico.

El deseo mantiene una relación íntima con las imágenes, incluso podríamos decir que se retroalimentan. En varios de tus textos existe una cierta noción de que las imágenes nunca son inocentes, en especial aquellas imágenes que son masivamente reproducidas e inyectadas a la esfera pública. Esto nos obliga a mencionar la adicción contemporánea a las imágenes y a la eterna sucesión de estas. ¿Podrías explicarnos por qué esta situación carece de neutralidad y de inocencia?

Las imágenes digitales o de IA generativa se infiltran en senderos neutrales de una manera en la que el cerebro humano difícilmente puede resistirlas. Trevor Paglen recientemente denominó este fenómeno como “image doritos”; las imágenes son generadas para provocar un efecto viral, de la misma manera en la que los doritos están ingeniados y fabricados para maximizar el efecto adictivo en el espectro del producto. Podemos incluso identificar esto en la configuración del “scroll infinito”, es como si estuviéramos en caída libre dentro del espacio del deseo, en donde se nos extrae tanta atención como le es posible.

Por otro lado, hay un agotamiento generalizado alrededor de este tipo de imágenes y formatos de consumo, lo que provoca una gran reactividad en contra. La forma inmediata de resistir este secuestro de la neutralidad es el énfasis en la lentitud, en lo análogo y en las imágenes creadas a mano. No obstante, esa forma popular de resistencia tampoco es inocente ni es necesariamente benévola, ya que muchas veces resulta en una nueva industria de las experiencias curadas, cuyo mercado se encuentra en las élites. En última instancia, como diría Hegel, solo una piedra puede ser inocente y ni siquiera una piedra es inocente cuando se convierte en una imagen.

¿Cómo podemos definir una estética de la vigilancia? ¿Cómo se visualiza o se sonifica? y ¿quiénes son los participantes?

Para este punto la vigilancia opera más profundamente que solo trasvasar información o datos. Hoy en día la vigilancia está localizada en la norma estadística, es decir, constantemente estamos siendo comparados con una distribución normal, y empujados a formar parte de ella. Mientras tanto, esta distribución se está ampliando; pensémoslo como una ventana de Overton en la que las posibilidades están siendo estiradas en una dirección, mientras que se extinguen en otra. Podría ser que esa sea una síntesis de la vigilancia en la actualidad; manipular la ventana de lo posible para los individuos… para algunos está casi cerrada, mientras que para otros está tan abierta que pueden salir de ella.

En algún punto de tu texto Duty Free Art, se menciona que todo lo que obtenemos a cambio de nutrir y participar en el régimen de la hiperconectividad es la promesa de consumirnos a nosotros mismos. Lo cual me parece una síntesis perfecta para este issue. ¿Por qué crees que tenemos un deseo tan latente de consumirnos a nosotros mismos? y ¿es a nosotros mismos aquello que estamos consumiendo?

Regresando al “scroll infinito”, cuando caemos dentro del abismo eterno de nuestros propios deseos, entonces podemos identificar que nuestra conexión con el consumo tiene capas muy profundas. Al encontrarnos en caída libre también nos convertimos en Abfall. Abfall es una palabra en alemán para expresar que algo es basura, pero literalmente significa caer. Al caer nos convertimos en deshecho, algo que ha sido consumido con anterioridad, probablemente por nosotros mismos. Pensar en esta caída infinita es descender en una madriguera extraña pero evocativa del idealismo alemán.

Pensándolo de otra manera, a un nivel de materialismo pragmático, hay energía siendo consumida, incluso hay violencia en la extracción energética, que también es extracción de fuerza de trabajo, de atención, de afecto. Esto produce calor… existe demasiada entropía.

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