El arte de la literatura ha evolucionado en diversas instancias, comenzando por los formatos literarios, así como los medios de lectura, a través de los años y expresiones estéticas. En un presente hípercontemporáneo, parece ser que el medio impreso se ha convertido en objeto de interés para el nicho del arte y la cultura del craft, pues refleja un estado de apreciación especial a la manera en que observamos el mundo.
Entre los proyectos que hoy destacan por resistir ante las exigencias de un tiempo acelerado, Intermission Books es una iniciativa que ha trascendido su amor por la lectura y la cultura del medio impreso hasta materializarlo en un espacio de venta y lectura de libros especializados. En esta entrevista con Isabel Maciel, cofundadora junto con Fher Mendiola, nos cuenta sobre su proceso creando esta oportunidad de resistencia para la comunidad amante del print en la Ciudad de México.
¿Qué significa crear un espacio dedicado a la lectura y a la contemplación en un presente marcado por la cultura de la sobreestimulación?
Crear la tienda de intermission es abrir una pausa en medio del ruido; un intervalo donde el tiempo deja de medirse en estímulos y vuelve a sentirse en la profundidad de las cosas.
En un presente que nos exige mirar, responder, consumir y continuar, detenerse se convierte en un acto de resistencia sensible. Leer es permitir que el mundo exista sin la urgencia de interpretarlo; es abrir las puertas a la intimidad, regalarnos un espacio propio en medio de aquello que aún estamos por descubrir. Es habitar el silencio no como una ausencia, sino como una posibilidad. La de escuchar aquello que la velocidad cotidiana nos impide percibir.
Crear este espacio es concedernos la posibilidad de descubrir lo que llevamos dentro y aquello que, aún, espera ser descubierto. Es un refugio donde cada título abre una posibilidad y cada silencio devuelve algo de lo que el ruido y la urgencia por inmediatez nos ha quitado.
Significa volver a buscar entre el paso del tiempo, entre el deseo y el archivo, entre la memoria. Una colección de fragmentos que prevalecen, rehusandose a desaparecer y a la espera de ser encontrados.
Al momento de construir su selección, ¿qué determina que un libro pertenezca a Intermission Books? ¿Qué peso tienen el autor, la época, la edición o la materialidad del objeto?
En intermission, muchas veces nos dejamos guiar por aquello que visualmente nos habla a Fher y a mí. Lo que una fotografía, una portada o un fragmento nos revela de manera íntima. Seleccionamos lo que nos gusta, nos mueve y despierta nuestra curiosidad.
Hay algo en el primer encuentro con un libro que no siempre puede explicarse, pero que nos invita a detenernos y descubrir qué hay más allá de su superficie.
Nos interesa el libro como objeto, como una forma de permanencia. Su materialidad, su diseño y su capacidad de conservar una imagen, una idea o una época. Nos atrae encontrar belleza en su forma, pero, sobre todo, que esa sea una puerta hacia un contenido que trascienda al objeto mismo.
La colección reúne principalmente primeras ediciones, rarezas y títulos out of print de las décadas de los setenta, ochenta, noventa y los dos mil. Publicaciones en las que reconocemos un valor cultural, artístico e intelectual; libros que han contribuido a construir referencias dentro del arte, la música y la cultura visual, y que hoy consideramos importantes de preservar y volver a poner en circulación.
Son muchos los factores que determinan que un libro forme parte de intermission books: el autor, la época, la edición, la materialidad y el contexto cultural del que surge. Sin embargo, más allá de cada uno de estos criterios, existe una intención común: reunir y hacer accesible un archivo que difícilmente podría encontrarse en otro lugar. Como un archivo vivo, dedicado a preservar, estudiar y poner en circulación la cultura impresa. Nos interesa que estos libros no permanezcan únicamente como piezas de colección, sino que sigan encontrando lectores, generando preguntas y abriendo nuevas formas de mirar.
¿Qué ideas, referencias o necesidades dieron origen a Intermission Books, y cómo se han transformado desde que el espacio comenzó a existir?
intermission books comienza con Fher y conmigo coleccionando libros. Al principio, compartíamos títulos que nos acompañaban en la exploración de nuestras propias prácticas artísticas y la necesidad por conocer nuevas cosas; publicaciones que nos enseñaban, despertaban preguntas y abrían nuevas posibilidades dentro de aquello que cada uno buscaba construir. Eran referencias que nos permitían mirar hacia otros mundos, encontrar afinidades y descubrir caminos que, de alguna manera, también hablaban de nosotros.
Poco a poco, comenzamos a regalarnos libros, a intercambiar hallazgos y a reunir nuestras colecciones. Los libros dejaron de ser únicamente objetos de búsqueda individual para convertirse en una forma de encontrarnos. Llegó un momento en el que nuestro plan favorito era reunirnos con nuestros amigos en mi departamento, rodeados de libros, escuchando la música que nos gusta y proyectando imágenes que dialogaban con el universo visual y cultural que nos interesaba explorar. Entre páginas, sonidos y conversaciones, fuimos construyendo un pequeño mundo de referencias compartidas; un espacio íntimo donde las ideas circulaban sin prisa y cada encuentro abría la posibilidad de descubrir algo nuevo y eso era algo que queríamos traducir a la tienda.
De alguna manera, intermission books nace de esos momentos. De la necesidad espontánea de compartir aquello que nos conmueve, nos intriga y nos invita a mirar más allá de lo inmediato. De entender que un libro puede ser mucho más que un objeto que se conserva: puede ser un punto de encuentro, una memoria tangible, una puerta hacia una escena cultural o una referencia capaz de transformar nuestra manera de ver.
Con el tiempo, la inquietud de encontrar y acercar a México este tipo de archivo fue creciendo. Muchas de las publicaciones que buscábamos eran primeras ediciones, rarezas o títulos fuera de circulación; libros que guardaban fragmentos importantes de la historia del arte, la música y la cultura visual, pero que resultaban difíciles de encontrar. Así, lo que comenzó como una práctica personal de coleccionar, intercambiar y descubrir fue tomando otra forma. Aquellos encuentros que sucedían de manera natural en casa comenzaron a convertirse en la idea de un espacio abierto: un archivo vivo dedicado a preservar, estudiar y compartir la cultura impresa. Un lugar donde los libros pudieran seguir contando sus historias, encontrar nuevos lectores y establecer conexiones inesperadas entre distintas épocas, disciplinas y sensibilidades.
Desde entonces, intermission ha ido cambiando junto con nosotros. Lo que al principio nos guiaba era, sobre todo, una atracción intuitiva hacia ciertas imágenes, autores, ediciones y objetos. Con el tiempo, esa intuición se ha convertido también en una búsqueda más consciente de su valor cultural, artístico e histórico y hoy entendemos el nuevo espacio una extensión de nuestras propias prácticas y de nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Un proyecto que crece a partir de la curiosidad, la investigación y el intercambio.
Al final, intermission conserva algo de aquellas tardes en el departamento: la música sonando, las imágenes, los libros pasando de una mano a otra y las conversaciones que nacen de compartir aquello que nos gusta. Lo que antes era una colección compartida entre nosotros se convierte en una invitación a detenerse, explorar y descubrir. Una forma de mantener vivos los archivos, las imágenes y las ideas que nos trajeron hasta aquí, y de permitir que sigan encontrando su lugar en otras miradas.
¿Qué conversación buscan generar entre los libros que seleccionan y las personas que llegan a ellos?
Nos interesa que cada libro encuentre a la persona que, por alguna razón, necesitaba encontrarse con él, incluso sin saberlo. Que el encuentro suceda desde la curiosidad, desde una imagen que detiene la mirada, una portada que despierta algo o una referencia que abre la puerta hacia nuevas posibilidades en permitir que cada persona construya su propia relación con aquello que encuentra.
Creemos que los libros contienen mucho más que las imágenes y las ideas que presentan en sus páginas. Son fragmentos de otras épocas, testimonios de escenas culturales, registros de sensibilidades y formas de pensamiento que, al volver a circular, adquieren nuevos significados. Nos interesa generar un diálogo entre esos mundos y el presente; descubrir qué permanece, qué ha cambiado y qué nuevas preguntas pueden surgir al mirar el pasado desde nuestra propia experiencia.
También buscamos que la conversación suceda entre los mismos libros. Que una publicación conduzca a otra, que una fotografía revele un autor, que una referencia musical abra una exploración hacia el diseño, el arte o la cultura visual. Nos gusta pensar la colección como una red de “missing links” que nunca termina de definirse, donde cada hallazgo puede convertirse en el comienzo de una búsqueda distinta.
En intermission no buscamos ofrecer respuestas definitivas, sino poner en circulación objetos que despierten preguntas, amplíen referencias y acompañen las búsquedas personales de quienes llegan a ellos. Que cada libro pueda ser una ventana hacia algo más, pero también un espejo en el que cada persona encuentre algo propio. Pero, sobre todo, nos interesa recuperar una forma más íntima de relacionarnos con las imágenes y el conocimiento. En un momento en el que gran parte de lo que vemos sucede a través de pantallas y se consume con rapidez, el libro ofrece otra temporalidad. Nos invita a detenernos, volver sobre una página, observar los detalles y descubrir aquello que quizá no habíamos visto en un primer encuentro.
Al final, la conversación que más nos mueve es aquella que continúa después de cerrar el libro. La imagen que permanece en la memoria, la idea que transforma una mirada, la referencia que conduce a otro descubrimiento. Porque en archivo no termina en aquello que conserva, sino en todo lo que todavía puede provocar cuando vuelve a encontrarse con alguien.
Frente a formas de consumo cultural cada vez más inmediatas, ¿qué posibilidades encuentran todavía en el acto de detenerse a leer?
Frente a un presente que nos invita a consumir, descartar y continuar, el libro nos ofrece otra temporalidad: la posibilidad de demorarnos en una imagen, descubrir una idea y establecer una relación más íntima con aquello que tenemos enfrente. Nos interesa recuperar ese espacio donde la curiosidad no tiene prisa y donde cada página puede abrir una nueva forma de entender el mundo, pero también de entendernos a nosotros mismos.
Leer también es permitirnos descubrir sin una intención definida, dejarnos sorprender por aquello que aparece en el camino y encontrar conexiones inesperadas con nuestros propios intereses y experiencias. Quizá ahí reside el valor de la pausa: en abrir un intervalo dentro de la velocidad cotidiana, un espacio donde las ideas puedan permanecer un poco más y donde cada libro tenga la posibilidad de transformar, aunque sea sutilmente, nuestra manera de mirar el mundo.
Si leer puede entenderse hoy como una forma de resistencia, ¿qué creen que estamos preservando cada vez que elegimos hacerlo?
Nos interesa pensar el libro como un fragmento de tiempo que permanece, un archivo que resiste desaparecer y que, al ser abierto, vuelve a cobrar vida. Detenernos en sus páginas es también resistir al olvido, a la velocidad con la que las imágenes se consumen y a la facilidad con la que dejamos atrás aquello que alguna vez nos conmovió.
Creemos que cada vez que elegimos leer, preservamos nuestra capacidad de mirar con profundidad, de construir mundos propios y formas diferentes de relacionarnos con el mundo más allá de la inmediatez. Preservamos también la memoria, las ideas y las imágenes que han dado forma a otras épocas, permitiéndoles encontrar nuevos significados en el presente.
En cierta medida, al final, lo que preservamos es la posibilidad de seguir descubriendo; de mantener viva la curiosidad y de concedernos el tiempo necesario para encontrar algo que todavía no sabíamos que estábamos buscando. Porque preservar no significa únicamente conservar lo que existió, sino permitir que siga sucediendo.