Hay películas que pertenecen a una época y otras que terminan por modificar nuestra manera de recordarla. Cuando Sofia Coppola estrenó Marie Antoinette en 2006, el siglo XVIII apareció despojado de su solemnidad histórica. Versalles se convirtió en un territorio de adolescencia, aislamiento y deseo. La música contemporánea, los colores pastel y una atención casi obsesiva a los objetos construyeron una interpretación del pasado que tenía menos que ver con la reconstrucción histórica que con la experiencia íntima de habitarlo.
Veinte años después de Marie Antoinette, Cartier Cinema Club reúne en Kioto a Sofia Coppola y Pierre Rainero para conversar sobre el cine, la memoria y los oficios que hacen posible una imagen.
“En esa época vivía en Los Ángeles y iba a tiendas de lujo donde había mujeres gastando y comprando todo el tiempo, que me parecía estaban deprimidas, eso fue algo que inserté como una comparativa de comportamiento, entendiendo que a María Antonieta le encantaba la moda” —Sofía Coppola
Para la celebración de su aniversario, la película vuelve a proyectarse en Kioto gracias a Cartier y su programa Cartier Cinema Club en UPLINK Kyoto para celebrar el aniversario de Marie Antoinette. La proyección estuvo acompañada por una conversación entre Sofia Coppola y Pierre Rainero, director de Imagen, Estilo y Patrimonio de Cartier, sobre las relaciones entre el lenguaje cinematográfico y la alta joyería.
“Al haber leído el libro Marie Antoinette: The Journey de Antonia Fraser, lo que más me interesó fue cómo una joven de apenas 14 años entro a Versalles y salió como mujer, todo lo que pasó y vivió dentro de ese espacio fue también emocionalmente lo que cualquier joven podría vivir en otra etapa, por eso quería que al escuchar a los Strokes, pensaras en el chico que te gusta, o asociarlo con recuerdos personales que todas tenemos”. —Sofía Coppola
Kioto preserva una estética antigua, que remonta a la memoria de la historia y se diferencia con ciudades contemporáneas como Tokyo, pero al mismo tiempo se han vuelto estéticas más grandes que el solo tiempo que podrían representar en una historia. Y esa es la conexión tan poderosa con la obra de Sofía Coppola quien ha creado estéticas que no se quedan en un tiempo, si no que lo usan para expander ese espacio a un momento infinito que representa formas de existir, a través de una belleza estética que hoy es historia del cine. Sus personajes habitan espacios cuya belleza no consigue protegerlos de la soledad. Los interiores, la ropa, la música y los objetos participan de una intimidad que rara vez necesita explicarse mediante palabras y se vuelve muy emotiva ya que está llena de contradicciones muy humanas, que si bien tuvo un triste final, y en palabras de Sofia “…eso ya es otra película.” Nos lleva a entender y disfrutar una historia de amor y desamor para con muchas personas desde María Antonieta. Poder ver, parelalelamente a esto la exhibición de Cartier Alta Joyería, nos recuerda la solemne importancia de las piedras especiales, los diamantes, la belleza incomparable de piezas que en esta ocasión pudimos solo ver en el Museo Nacional de Kyoto.
La conversación con Rainero abordó el trabajo colectivo detrás de dos disciplinas que comparten una relación particular con la materia y la duración. Una película y una pieza de alta joyería son el resultado de numerosos oficios, decisiones y formas de conocimiento que habitualmente permanecen fuera de la mirada del espectador.
“María Antonieta coleccionaba piezas japonesas, joyería y decoración y poca información se tiene al respecto” — Rainero
“No solo la colección a la que tuvimos el honor de tener acceso fue clave para el desarrollo del personaje, vestuarios, etc, una de las cosas más emocionantes para mí era poder comunicar los colores y las texturas desde un lugar real de fiesta y felicidad, porque en todo lo que se había representado de la época no se distinguía la colorimetria real, era mas opcaco, y realmente los colores eran súper vivos, poder hacer una película con una visión estética contemporánea… logramos hacer cosas increíbles gracias a la apertura de Versalles, hoy veo la película y no puedo creer que prendimos velas, hoy jamás podrías prender velas en un museo, pero bueno, no hubo ningún incendio.”— Sofia Coppola
Cartier Cinema Club surge de ese interés por quienes hacen posible el cine, dentro y fuera de la pantalla. A través de proyecciones y encuentros, el programa propone dirigir la mirada hacia los procesos creativos y hacia las personas que participan en la construcción de una obra.
Durante el encuentro, Coppola habló de lo especial que resultaba celebrar el aniversario de Marie Antoinette en Japón, un país que continúa inspirándola por su relación con la belleza, la artesanía y el cine.
Volver a ver una película veinte años después también significa encontrarse con la persona que uno era cuando la vio por primera vez. La imagen siendo la misma, nos refleja como nuestra mirada ha cambiado. Aquello que antes nos parecía hermoso puede adquirir cierta tristeza; un gesto que pasó inadvertido puede convertirse en el centro de toda una historia, y el hecho de que podría ser una película filmada en este año con música que no solo es relevante pero es una obra maestra de curaduría sonora contemporánea.
Marie Antoinette sigue siendo una película sobre la juventud, el deseo y el aislamiento, pero también sobre esa extraña distancia que existe entre la vida que imaginamos y la que finalmente habitamos.