El camino de la conciencia lleva mucho cuestionamiento detrás. Este el ciclo del club literario de Miu Miu, llevado a cabo en Circolo Filologico Milanese, se enfocó el el tema “Politics of Desire” con el objetivo de estudiar y analizar la historia, la cultura y la feminidad en el contexto contemporáneo, fomentando un debate sobre la sexualidad, el deseo y el consentimiento.
Desde lo personal hasta lo político, y desde la literatura hasta la vida, el deseo es una fuerza que determina el derecho a la autodeterminación: un acto radical de resistencia. Los temas de esta segunda conversación fueron explorados por personalidades de renombre internacional que han analizado el poder transformador de la autodeterminación y los desafíos del amor moderno: la novelista y guionista italiana Francesca Marciano, la autora liberiano-estadounidense Wayétu Moore y la antropóloga surinamesa-holandesa y profesora emérita de Estudios de Género Gloria Wekker, moderadas por la periodista, autora y crítica Nadia Beard.
En esta conversación con Wayétu, nos cuenta sobre la importancia sobre el cuestionamiento de las estructuras que nos rodean y la forma en que moldeamos nuestro deseo.
Wayetu, cuéntame de ti, tu trayectoria y la perspectiva que ha dirigido tu cuerpo de obra escrito.
Nací en Liberia. Me mudé a Estados Unidos cuando tenía cinco años. Crecí en Texas y pasé mis veintes y treintas en Nueva York, donde me casé y comencé a formar una familia. Lo que me ha construido es una necesidad de entender mi país, mi identidad, esta idea de la “otredad”… Siento que, por haber dejado mi país a una edad tan temprana y haber crecido en un contexto ajeno, he vivido con una sensación de extrañeza toda mi vida. Así que transito el mundo intentando entender por qué me siento otra; somos seres humanos y me gusta pensar que, de algún modo y en ciertos momentos, compartimos una conciencia espiritual. ¿Cómo puedo reclamar mi identidad, mi abundancia y mi poder?
He publicado una novela y unas memorias, pero mi segunda novela sale en enero próximo. Explora la mitología de “Mami Wata”, una figura mitológica de Liberia reconocida también en África Occidental. Habla de una mujer sola en el océano que ahoga personas porque no quiere estar sola. También representa la belleza y la feminidad —por cierto, todas las culturas tienen alguna versión de una sirena. Si miramos a Sudáfrica, Escandinavia, Rusia, Serbia, Australia o el sur de Asia, todas tienen una figura femenina multidimensional y compleja en sus emociones; es justa, hermosa y benevolente, pero también posee un lado ligado a la retribución, a garantizar que exista equilibrio entre la tierra, el agua y los seres humanos. La novela explora su historia a través de la narrativa de inmigrantes liberianos en Estados Unidos y de su familia. Pienso que haber pasado mis años formativos en Estados Unidos, donde todo oscila constantemente entre extremos, me ha hecho notar que recientemente existe un deseo de equilibrio.
En mi obra, hablo sobre identidad cultural, feminismo (en cualquiera de sus formas; no necesariamente suscribo a una idea del feminismo que dicta cómo debe ser una mujer —no creo en eso. Pensando en mi abuela, el feminismo debería ser una vía para que las mujeres se sientan libres de vivir la vida que desean, y eso puede tomar muchas formas. No asumo conocer la manera correcta de practicar el feminismo). También es importante para mí hablar del anticolonialismo, del antineocolonialismo y del panafricanismo: una identidad africana común, en lugar de adherirse a estas fronteras trazadas por agentes externos que decidieron qué países serían cuáles. Muchos de esos países todavía intentan desprenderse de la ilusión heredada del poscolonialismo o de las estructuras fundacionales posteriores. Y también amo, en todas sus formas, la posibilidad de conectar genuinamente con cualquier ser humano —y no necesariamente desde una lógica heteronormativa. ¿Qué significa necesitar y sentirse necesitado en un momento en el que se nos dice que no debemos necesitar nada de nadie y que debemos ser completamente libres? Necesitar es un acto de vulnerabilidad. ¿Qué significa realmente necesitar a alguien?
¿De qué manera crees que las expectativas sociales y las tradiciones culturales siguen moldeando la forma en la que experimentamos y definimos nuestra independencia? ¿Hasta qué punto crees que las mujeres hoy se sienten dispuestas —o presionadas— a comprometer sus ambiciones personales dentro de una relación?
Somos mucho más libres de esas presiones de lo que fueron nuestras madres y abuelas, porque ahora existe una autonomía económica que antes muchas personas no tenían. En aquel entonces, gran parte de la gente estaba atada a las expectativas sociales porque no contaba con los recursos para ser libre. Hoy vemos que nos estamos moviendo más hacia esa dirección. Pero incluso así, es muy difícil afirmar que mis opiniones no han sido moldeadas por alguna fuerza externa a la que quizá no estoy dando suficiente crédito, porque para formar realmente una opinión sobre el mundo, sobre la identidad o sobre lo que significa ser mujer, se necesitaría un tipo de aislamiento que muy pocas personas pueden permitirse: pasar largos periodos de tiempo a solas, consumiendo literatura y distintas formas de entretenimiento, pero también sentándose consigo mismas para preguntarse “¿qué es lo que realmente creo y cómo llegué a creerlo?”. Aunque, al mismo tiempo, necesitamos interactuar con otras personas para entender nuestras creencias en tiempo real y de manera práctica. Mi respuesta sería que probablemente es imposible separar completamente nuestras opiniones de nuestra crianza, pero el tiempo que se nos permita pasar con nosotras mismas, procesando lo que nos ha sido dicho, es fundamental. ¿Quiénes somos fuera de nuestros grupos?
¿Cómo distingues entre una intuición genuina hacia la liberación y una versión de independencia moldeada por ideales externos o por una ilusión?
Meditación, aislamiento y tiempo contigo misma. Aun así, no hay forma de saberlo con certeza. ¿Cómo sé que mi resistencia no es también producto de una fuente externa? Por ejemplo, si digo “no quiero una casa ni una familia, no quiero un esposo”, y convierto eso en la misión de mi vida, sigo centrando otra ideología. Si estoy constantemente en diálogo con ello, todavía le estoy dando el centro. Le estoy prestando atención. Estoy construyendo toda mi identidad en oposición a eso. No sé hasta qué punto es posible escapar completamente.
Al escucharte, parece que la valentía también es un componente importante.
Sí. Aunque hoy la valentía significa otra cosa. Antes se trataba de una persona enfrentándose a mil; ahora quizá son tres mil frente a siete mil. Entonces, ¿qué tan valientes somos realmente? Creo que existe cierta seguridad que nos ha permitido pensar de la misma manera una y otra vez.
¿Cómo entiendes la relación entre libertad y autodeterminación en tu propia vida? ¿Cuándo sientes su poder más transformador?
Para mí fue durante la maternidad, porque te transformas en un vehículo que moldea mentes y les enseña qué significa la libertad y qué implica autodeterminarse. Ese es el mayor regalo. Yo misma sigo aprendiendo sobre esos conceptos mientras educo a mis hijos y convivo con ellos. Es la forma más clara de exponer la propia ideología.
Al navegar las dinámicas románticas contemporáneas, algunas estructuras parecen evolucionar mientras otras permanecen intactas. ¿Qué te ha ayudado a atravesar o replantear esas tensiones?
Ahora mismo estoy en un periodo de observación. Creo que a veces la acción puede ser contraria al objetivo. Estoy intentando sentarme a observar cómo funciona mi matrimonio, de la manera en que tiene sentido para mí, simplemente en el día a día. Ese punto introspectivo aún no llega, y no creo haberlo hecho antes. Como escritora, soy una persona muy analítica; naturalmente analizo todo en tiempo real e intento darle sentido a lo que significan el romance, las expectativas sociales… ¿Estoy siendo fiel a mí misma? ¿No es esto injusto? ¿Por qué estoy haciendo algo que un psicólogo de Instagram dice que está mal? En vez de reaccionar así, estoy tratando de observar y convivir con estas emociones para entenderlas más adelante.
Si pudieras guiar a alguien que lucha por encontrar su sentido de identidad dentro de las expectativas actuales, ¿qué pregunta crees que más necesita hacerse?
¿Por qué? Si sigues preguntando “¿por qué?”, te obligas a cuestionar no solo tus acciones, sino también las de la comunidad con la que estás entrando en conflicto. ¿Por qué piensas así? ¿Por qué hiciste eso? Tal vez dentro de esa pregunta encuentres una razón. ¿Qué tan lejos podemos llevar el “por qué” hasta llegar al núcleo del núcleo del núcleo?