Un gesto, una mirada
Entrevista con Carolina Pimenta
(ISSUE)

La singularidad rara vez se anuncia. Sin embargo, cuando el instinto, la intuición y el accidente convergen, el momento resultante puede resistirse a repetirse y desafiar las expectativas ordinarias. En su práctica fotográfica, Carolina Pimenta concibe la creación como una forma de escuchar las fuerzas sutiles que moldean la percepción antes de que la intención llegue a formarse por completo. Para Pimenta, la belleza se revela a través de una apertura a la imperfección, permitiendo que la vulnerabilidad permanezca visible en lugar de corregirse. Al abordar la creación de imágenes como un espacio de libertad y atención, su trabajo propone la creación como una forma de atravesar la vida: atenta a aquello que nos excede, pero profundamente arraigada en gestos que siguen siendo enteramente nuestros.

Para este issue SS26 exploramos las múltiples frecuencias que se pueden habitar a través de la imperfección para comprender la belleza intuitiva de la vida, permitiendo al mismo tiempo que el mundo revele sus verdaderas formas y contornos. Desde esa perspectiva, ¿qué te inquieta lo suficiente como para hacer una imagen y qué se siente demasiado seguro para fotografiar?

Lo que se siente demasiado seguro para fotografiar es cualquier cosa que ya sabe cómo quiere ser vista. Cuando una imagen se comporta exactamente como se espera —cuando ejecuta claridad o seguridad sin fricción— pierdo el interés. La seguridad suele producir decoración. Busco algo menos ensayado, menos obediente a su propia imagen.

Lo que me inquieta es un momento en el que la identidad se vuelve ligeramente inestable, cuando la memoria y la presencia se superponen, cuando un gesto duda entre la exposición y el repliegue.

Mi práctica se despliega a través de una negociación constante entre intimidad e inmersión. Por un lado, hay un compromiso profundo con la memoria, la identidad y la comunidad. Por otro, una disposición a entrar en nuevos territorios y enfrentarse a la complejidad de la interacción social. Mi mirada se detiene en lo que suele pasar desapercibido, en los márgenes sutiles donde los acontecimientos se despliegan.

La belleza es importante para mí. A menudo la encuentro en lugares que de otro modo podrían ser descartados, pero tampoco la evito cuando aparece de forma evidente. Al mismo tiempo, la belleza hoy se ha vuelto tan pulida, transparente e inmediatamente consumible que casi ya no parece estar permitida dentro del campo del arte.

Me interesa sostener ambas cosas: lo evidente y una belleza que se resiste a completarse. Una belleza que permite que la imperfección interrumpa la coherencia, donde el deseo y la vulnerabilidad permanecen sin resolverse. En ese sentido, la imperfección no es una falla: preserva la intimidad y la fricción en un mundo que exige claridad y velocidad.

La veo como una forma de resistencia frente al pulido y el espectáculo. La perfección tiende a borrar la vulnerabilidad; la imperfección la preserva. Mantiene la imagen abierta y evita que se vuelva estática.

¿Cómo te aproximas a una escena que quieres fotografiar? ¿Buscas entenderla, reconocerla, alterarla o exponerla? ¿Por qué?

Me acerco a una escena permitiendo primero que ella se acerque a mí. Rara vez salgo a buscar algo específico. Por lo general empieza por azar: algo cambia en el aire, un gesto, una mirada, una interacción nueva. Lo percibo antes de comprenderlo.

Entro de manera silenciosa y natural, casi sin que se note. Observo. Capturo. Luego me retiro. Con el tiempo, el momento empieza a revelarse. Cuando lo convierto en una historia, deja de ser mi vida y se vuelve otra cosa: una reconstrucción, una forma de crear distancia. Esa distancia permite la transformación.

No entro en una escena con la intención de alterarla, pero al insertarme —aunque sea con suavidad— siempre ocurre un desplazamiento sutil. La presencia cambia las cosas. Soy consciente de ello. El respeto es fundamental en la forma en que me muevo. Me interesa exponer la realidad, pero nunca causar daño. La transformación ocurre a través de la atención, no de la violencia.

Tu trabajo se percibe preciso y claro, pero también frágil; vemos escenarios efímeros. ¿En qué momento permites que los elementos se fragmenten durante tu proceso? ¿Es a través de la técnica, del enfoque o de una sensibilidad?

La precisión en mi trabajo proviene de la atención y de la práctica, pero la fragilidad entra a través de la sensibilidad y de permitir que las cosas permanezcan libres. Un movimiento que no termina de resolverse. Un gesto que se desliza. Un cuerpo ligeramente fuera de sincronía con su entorno.

Permito que la ambigüedad, la vacilación y la interrupción permanezcan visibles. La fragilidad aparece en el momento en que doy un paso atrás y dejo que la imagen respire en lugar de cerrarla.

¿Cómo negocias el control y la entrega cuando estás detrás de la lente? ¿Qué te niegas a dominar?

Negocio el control y la entrega a través de la intuición y el respeto. Me acerco a cada situación de manera natural y se vuelve inmediatamente claro si un sujeto, un movimiento o incluso un espacio está dispuesto a dejarme entrar. Existe una sensación instantánea cuando algo se resiste a ser dominado. La línea se traza desde el principio. En mi proceso, la entrega es mutua.

Con los años, esa intuición se ha vuelto más aguda, no solo con las personas, sino también con los objetos, las atmósferas y las situaciones. Puedo percibir rápidamente qué vibra y qué no; qué tiene presencia y qué se siente repetido; qué está vivo y qué ya se siente como un déjà vu. Si algo se siente forzado, me retiro.

Trabajar exclusivamente con fotografía analógica intensificó esa conciencia. Cada fotograma importa. No hay exceso. La disciplina que requiere el proceso analógico entrenó mi percepción y afiló mi instinto. Muy pocas imágenes ocurren por accidente.

Cuando camino por la calle, o cuando capto un movimiento con el rabillo del ojo, ya estoy observando. Se ha vuelto una extensión de mí, casi como respirar, caminar o masticar. Ya no lo controlo de manera consciente. Ocurre a través de mí más que por mí.

¿Cómo te relacionas con las imperfecciones naturales y qué papel juegan en tu trabajo? ¿Interpretas la imperfección como un límite o como una forma de resistencia?

No me enfrento a la imperfección. Trabajo con ella como algo dado. La imperfección es donde la vida entra en la imagen. Está presente en los cuerpos, en el comportamiento, en los entornos, en la luz y en el tiempo. La veo como una forma de resistencia más que como un límite: resistencia frente al pulido, frente al espectáculo, frente a las imágenes que buscan resolverse y volverse inmediatamente consumibles.

La imperfección mantiene la imagen abierta. Permite que las contradicciones coexistan. Preserva la vulnerabilidad, la memoria y la fricción. En un mundo que exige claridad y velocidad, la imperfección desacelera las cosas y abre espacio para la intimidad.

¿Puedes describir la relación entre la mirada, la escena en la que te fijas a través de la fotografía y la esencia del movimiento que capturas?

Para mí, la relación entre la mirada, la escena y el movimiento surge de manera muy orgánica. Está profundamente entrelazada y es, en esencia, relacional. La imagen no se concibe como una afirmación fija, sino como el residuo de un encuentro: algo que permanece después de que ha tenido lugar un intercambio.

La fotografía, para mí, es una forma de comprender cómo opera el mundo. Es una forma de observación social. Me atrae cómo las personas se relacionan entre sí y con sus entornos: el comportamiento, el deseo y las estructuras invisibles que moldean nuestras interacciones. La mirada ocupa un lugar central en este proceso: quién mira, quién es miradx y cómo se desarrolla ese intercambio suele determinar la dirección de la imagen.

El movimiento, en este sentido, no es solo físico. Existe en los desplazamientos de la atención, en las dinámicas de poder, en momentos de vacilación o de atracción. La fotografía fija un fragmento de ese movimiento, no para resolverlo, sino para preservar su tensión.

 

Read previous article
Read next article