MU
Entrevista con Sofía Crimen
(CULTURE)

Entre el trazo y el silencio, se encuentra la posibilidad. En esta conversación, Sofía Crimen piensa su práctica como un proceso sostenido, más cercano a la resistencia que al impulso. A partir de MU, su nueva exhibición en colaboración con Montblanc, habla del vacío, el ritual y la transformación como estados donde la identidad se suspende para dar paso a otros lenguajes. La tinta, el cuerpo y la memoria aparecen como territorios de inscripción, poder y pertenencia.

¿Cómo ha sido tu trayectoria como artista? ¿Podrías hablarnos acerca de tus inspiraciones y los
conceptos que guían tu práctica?

Mi trayectoria ha sido de mucha constancia. Para mí, el arte es una carrera de resistencia: un proceso sostenido en el tiempo más que un impulso inmediato. A lo largo de mi práctica hay temas que regresan una y otra vez, como la ausencia, la nostalgia, la niñez, el olvido, el poder y la condición humana. Son ejes que atraviesan mi trabajo y funcionan como una exploración continua, tanto
personal como colectiva.

¿Qué símbolos de tu camino artístico confluyen hoy en MU, y cómo dialogan con esta colaboración con Montblanc?

En MU confluyen los rituales y la idea de mu, entendida como el vacío: ese lugar donde la identidad es borrada para permitir que algo más emerja. Es un espacio de suspensión y transformación. En esta exposición, los personajes funcionan como lienzos en blanco; cuerpos que se despojan de lo anterior para adquirir una nueva forma, un nuevo cuerpo y un nuevo lenguaje.

En el proceso de esta exhibición, ¿hubo algún descubrimiento material, emocional o conceptual que transformara tu manera de entender tu propia expresión?

Los rituales son fundamentales dentro de mi proceso creativo. Desde algo tan sencillo como prepararme una taza de café por la mañana, esos gestos cotidianos me ayudan a entrar en el proceso y a disponer el cuerpo y la mente para crear. Son acciones que marcan el inicio y me colocan en un estado de concentración y presencia. Para mí, el ritual no es accesorio: es indispensable.

MU gira en torno al pacto, el honor y la pertenencia. ¿De qué manera crees que la memoria se inscribe en la materia y termina convirtiéndose en imagen, gesto o forma?

En mi obra, la transformación comienza con una pérdida de identidad. Creo que es necesario abstraerse de la propia identidad, desprenderse de ella, para poder adquirir —a través de distintos estímulos o motivaciones— otra identidad. Ese desplazamiento es lo que permite transmitir algo nuevo y, a partir de ahí, crear.

La tinta aparece no solo como medio, sino como símbolo. ¿Qué significa para ti trabajar con un material que históricamente ha sido vehículo de promesas, registros y compromisos?

La tinta, como materia, adquiere un papel central dentro de esta exposición, ya que se convierte en un
símbolo de poder. A través de ella se manifiestan los distintos lenguajes de la obra, ya sea sobre el papel o sobre el cuerpo. La tinta funciona como una marca, como una inscripción que habla de presencia, autoridad e identidad.

Hay en MU una noción fuerte de ritual. ¿Qué lugar ocupa el cuerpo dentro de ese sistema de gestos,
tiempos y silencios? ¿Existe algún juego de miradas entre tú como artista, la obra y el espectador?

Presentar esta obra en colaboración con Montblanc, dentro del contexto de MU, representa un diálogo
natural entre la materia, el gesto y el significado. La escritura, la tinta y el trazo funcionan como actos
de precisión y permanencia que conectan directamente con mi práctica. En MU, ese encuentro ocurre
desde el vacío: un espacio donde la identidad se suspende y el cuerpo —o el soporte— se convierte
en un territorio disponible para ser marcado. La colaboración no es decorativa, sino conceptual; es un
cruce entre el ritual de escribir y el ritual de transformar.

Read previous article
Read next article